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¿Siniestros? ¿Un poco subalternos?

Posted in Esto es todo, amigos with tags , , on 24 marzo, 2012 by Claudia Gilman

Ser zurdo no es un estigma, dicen investigadores: ¡Gracias!

Las minorías recesivas están por solicitar modificaciones en el diccionario. Empezando por eso de siniestros, que es antónimo de diestros y siguiendo por toda la serie de adjetivos que, como recto (right) no se aplican a quienes usan su mano izquierda como otros la derecha, pero que apenas representan el 13% de la población humana.

Los datos:

   Ser zurdo no es un problema ni una patología, es una condición que caracteriza alrededor de un siete por ciento de las personas. Los zurdos usan preferentemente su mano izquierda para escribir, recortar, peinarse y para todas las actividades habituales en que es necesario utilizar las manos. Todos los seres humanos tienen preferencia por el uso de una de sus manos. Esta tendencia se basa en una característica neurológica que se llama-“lateralidad”.
La única problemática que puede llegar a tener un zurdo es un retraso en la coordinación ojo mano, puesto que el mundo está más bien diseñado para las personas que utilizan la mano derecha y que se pasan los objetos preferentemente con esta mano, por lo que le requerirá más trabajo la integración.
A veces a los niños zurdos les cuesta más entender el concepto izquierda-derecha y pueden tener dificultades con el aprendizaje de la escritura inicial. Una solución para facilitar el desarrollo de la coordinación visomotora es aumentar la estimulación con lápiz y papel, y tener cuidado de afianzar su lateralidad izquierda pasándole los objetos para que los tome con su mano izquierda, es decir, respetando su lateralidad que está determinada genéticamente y que no debe contrariarse.

Se ha dicho que los niños zurdos son más creativos, porque tienen más conexiones entre el hemisferio izquierdo y derecho, y parece que èsto es verdadero, ya que hay una gran cantidad de personas zurdas que son artistas y escritores, o que tienen otros talentos que suponen creatividad.

Nunca debe presionarse a un niño zurdo para que escriba con la derecha, ya que significa contradecir su condición neurológica y algunas investigaciones han planteado que el presionar al niño a escribir con la mano derecha podría acarrearle problemas en el área del lenguaje como tartamudez y además tendrán, a raíz de ello, un menor nivel de eficiencia motriz.

Algunos niños aparecen como ambidextros, es decir, los padres reportan que son igualmente eficientes con ambas manos. Esta condición es bastante poco frecuente. Una manera de saber cuál es la mano dominante del niño es hacerlo repartir cartas con ambas manos, la mano con que es capaz de repartir más cartas es la mano dominante.
Si tiene igual habilidad con ambas manos, significa que probablemente que es zurdo, porque la presión para escribir con la derecha es muy fuerte y esa estimulación es la que tiende a convertir a los niños o niñas zurdos en ambidextros.
A la mayoría de los niños zurdos la primera etapa de la escritura puede provocarle algunos problemas, porque tienden a escribir de derecha a izquierda, en vez de izquierda a derecha, que es como se lee y escribe en nuestra lengua. Una manera fácil de acostumbrarse a escribir en la dirección correcta es poner un puntito rojo con una fecha en el lado izquierdo, para que el niño vaya dibujando los números y las letras en la dirección correcta.
En los niños zurdos hay que afianzar más la lateralidad que en los niños diestros, porque como se dijo anteriormente la presión social a usar la mano derecha es tan fuerte que puede confundir al niño y retrasar la adquisición de su lateralidad.
El primer consejo es no hacer sentir al niño o niña distinto por usar preferentemente la mano izquierda y contarle que los niños que usan esa mano tienen la ventaja de ser más creativos.

 Son niños alegres, sociables, participativos, movidos, se esfuerzan en sus trabajos de aula, son responsables y curiosamente son casi igual de atentos que de distraídos, suelen ser constantes, ordenados, autónomos, callados, pero también destacan por no finalizar sus tareas escolares dentro del aula, se presentan creativos, son seguros e inseguros, sumisos, introvertidos, hiperactivos, tolerantes, pasivos, y suelen mostrarse tensos y alguna vez agresivos…

– Evolutivamente se puede observar:

Zurdos de mano de 3años: porcentaje elevado de no zurdera de pie y de oído, y frecuencia más alta en ojo izquierdo.

Zurdos de mano de 4años: similar al de los 3años, excepto el oído que se muestra con predominio izquierdo.

Zurdos de mano de 5años: igual frecuencia de niños que presentan lateralización izquierda o derecha de pie y de ojo, la zurdera de oído es superior

Zurdos de mano de 6años: predominio de pie derecho, pero son más zurdos de ojo y oído.

Zurdos de mano de 7años: más zurdos de pie, menos de ojo y muchos menos de oído.

Zurdos de mano de 8años: más diestros de ojo y más zurdos de pie e igual de oído.

RECOMENDACIONES:

1.- Es necesario ser tolerante con ellos al comienzo de la escolaridad, porque a lo mejor les costará un poco más la lectura y aprender los conceptos derecha a izquierda, pero rápidamente con la enseñanza apropiada superará esta dificultad.

2.- Cuando su hijo o hija llegue a los cuatro o cinco años y empiece a usar los conceptos de derecha a izquierda con la mayor frecuencia posible, di por ejemplo: “vamos a doblar a la izquierda y ahora vamos a tomar por la derecha” o bien “pásame tu mano derecha” o “¿qué tengo escondido en mi mano izquierda?”. También puede ser útil poner un día una estrellita en su mano izquierda y otro día un punto en la mano derecha para que vaya reconociendo el lado derecho e izquierdo de su cuerpo.

“ No los fuerce a ser diestros, respetemos su condición natural”.

Palabras de Doris Gicherman, Psicopedagoga,

No los fuerce a ser diestros: déjelos ser inhábiles si esa es su “condición”.  Acepte que no tendrá destrezas. Que decimos “zurdo” porque decir “siniestro” da mala suerte. No busque monte Taigeto para arrojar ese niño que carece de “rectitud”. No le diga “right, right”, sino “left, left”. Proponga leyes de “acción afirmativa”. Las minorías tienen derechos: es cierto que tienen que reclamarlos. Es un derecho de segunda categoría. Y no es un derecho: es una zurdera. Tiene sus derechos vulnerados por ley. Una semántica entera en su contra. Acepte a su hijo zurdo. No lo ha hecho a propósito. Piense si en su familia no hay un gen zurdo: arrepiéntase. Y quiéralo. Los zurdos viven un promedio de siete años menos. Parece que la dificultad de vivir en un mundo diestro afecta su resiliencia. Entienda, finalmente, que derecha e izquierda no son categorías políticas. Son topologías. Si lo ve torpe, comprenda que todos los objetos que son de uso cotidiano para casi todo el mundo, no están pensados para zurdos. Y alégrese: el mundo actual no los considera diabólicos sólo por ser zurdos.

Considere que ser tenista es lo mejor que le puede pasar. El diestro está acostumbrado a competir con diestros. El zurdo lo descoloca.

http://medtempus.com/archives/ser-zurdo-parte-ii-el-extendido-mito-de-la-esperanza-de-vida-menor-en-la-actualidad/

BUENAS NOTICIAS: LO DE QUE MUEREN ANTES ES UN MITO

Hay tres causas principales(u orígenes) que hicieron asentar totalmente el mito de la esperanza de vida menor de los zurdos:

-1.Durante la Edad Media sobre todo, aunque también en otras culturas y épocas, los zurdos eran perseguidos. En la Inquisición el hecho de utilizar la mano izquierda significa ser quemado. Ser zurdo era visto como algo diabólico. Y es cierto que por aquel entonces su esperanza de vida era mucho menor. (Publicidad Subliminal: La tercera parte de “Ser Zurdo” tratará sobre la historia de los zurdos, superstición y su persecución). Hace no muchos años los zurdos eran obligados a escribir con la derecha (zurdos contrariados). Esa situación no se da en la actualidad, pero de alguna forma ha sido el origen del mito. Para ser más exactos, el factor desencadenante. Más adelante, cuando explique por qué el mito es falso, mencionaré en qué forma está relacionado con esta primera causa.

-2. Es bastante lógico pensar que si los zurdos nos encontramos en un mundo diseñado para diestros, tengamos más accidentes al utilizar de forma obligada una mano menos hábil y por tanto nuestra esperanza de vida disminuya. Es lógico sí, pero se ha pasado por alto un hecho que nunca se menciona y hace que esto no se cumpla prácticamente nunca. De nuevo lo explicaré al llegar a la demostración de su falsedad.

-3. Pero el hecho que terminó por asentar totalmente la conocida frase de “Los diestros viven 9 años más que los zurdos” fue una investigación científica en 1991 realizada por los psicólogos Halpern y Cohen. Efectivamente, se obtuvo como resultado que los zurdos vivían 9 años menos que los diestros. Pero este estudio fue un claro ejemplo de lo que nunca debe hacerse en una investigación y está relacionado con la causa 1. Los resultados, como comentaré después fueron totalmente desacreditados con el tiempo.

Demostración de la Falsedad del Mito

Refutación de la causa 2: Mayor porcentaje de accidentes en zurdos por vivir en un mundo de diestros.

Está demostrado que los zurdos poseen mayor habilidad con la mano derecha que los diestros con la izquierda. Y eso se debe precisamente por vivir en un mundo de diestros. La explicación es sencilla: Desde que el zurdo nace tiene que ir adquiriendo determinadas habilidades con la mano derecha que originalmente no poseía. No debemos olvidar que la habilidad para realizar una labor con una determinada mano no sólo se ve influida por la genética (dominancia del hemisferio cerebral) sino por el ambiente. Al igual que cuando comenzamos a ir en bicicleta nuestra habilidad para mantenernos en equilibrio se va desarrollando, o cuando empezamos a aprender a nadar vamos aprendiendo inconscientemente la coordinación motora corporal para mantenernos a flote y desplazarnos hacia adelante. Gracias a esta capacidad de desarrollar la habilidad de la mano derecha nuestro riesgo de sufrir accidentes es muy bajo. Y queda prácticamente nivelado con los diestros ya que ellos no han adquirido esa habilidad en la mano izquierda. Cuando se ven obligados a realizar una delicada tarea con ambas manos o exclusivamente la zurda ellos son los más desfavorecidos.

Refutación de la causa 1 (Esperanza de vida menor de los zurdos en el pasado) y 3 (Investigación científica de 1991):

He comentado más arriba que la investigación científica que se llevó a cabo en 1991 es un claro ejemplo de lo que nunca debe hacerse en un estudio de ese tipo.

Esta investigación se basó en fuentes de información secundarias, una de los defectos de este tipo de investigación es que debes ser muy crítico con la información que seleccionas, porque si no, llegas a resultados totalmente erróneos. No es lo mismo que realizar una investigación con resultados que tú mismo has recogido.

Ellos cometieron un error MUY gordo al seleccionar la información y obtuvieron como resultado que los zurdos vivíamos 9 años menos que los diestros. El método consistió en ver a través de las fuentes de información secundarias la edad a la que morían zurdos y diestros.

Los resultados fueron los siguientes: -Los zurdos morían a una edad media de 66 años. -Los diestros morían a una edad media de 75 años.

¿Alguien adivina ya en dónde puede estar el error y que ellos no vieron?

Como he comentado en la causa 1, los zurdos eran perseguidos y hasta no hace mucho tiempo se les obligaba a utilizar la mano diestra. Por tanto, el porcentaje de zurdos era mucho menor hace unos años. Sin embargo en la actualidad este porcentaje se ha incrementado porque ya existe libertad para elegir la mano que queramos utilizar y porque ya no somos perseguidos. ¿Qué es lo que ello conlleva en el estudio?

Que los datos que se recogieron en 1991 sobre la edad de fallecimiento de los zurdos fuera muy baja. ¿Por qué? Porque las personas que morían en edades tempranas eran zurdos provenientes de épocas con esperanzas de vida menores. Si encima le añadimos que esas muertes tempranas quedaban dentro de un incremento de la población de zurdos jóvenes con una esperanza de vida mayor por las causas anteriormente explicadas, tenemos un bonito mito de esperanza de vida menor. Aquí vemos un ejemplo de como un estudio científico mal realizado ha sido el origen.

Claro que después fueron surgiendo muchos estudios que se dieron cuenta del error y obtuvieron resultados equilibrados de esperanza de vida entre zurdos y diestros. ¿Por qué no obtuvieron tanta publicidad como el estudio anterior? Ni idea, quizás los resultados no fueron tan “impactantes” y por ello no interesó que se hiciera publicidad. Decir que los zurdos y diestros tienen la misma esperanza de vida no es “noticia”. Por eso, como colofón a esta entrada, dos estudios científicos bien realizados, en donde se observa que, efectivamente, hay un menor porcentaje de zurdos conforme avanzamos en edad. Y que eso influyó en los estudios de esperanza de vida de los zurdos.

Lo que no conviene ser: subalterno

Posted in Peer Review, Reproducción sexuada with tags , , , , on 14 febrero, 2012 by Claudia Gilman

Zurdo:

Mujer:

“Y en efecto, escribir para las mujeres, es predicar en desiertos, porque no leen, ni quieren leer; y si llegan a leer, leen como oyen llover. Un periódico de damas sería un desierto aquí, porque para nuestras damas, toda literatura es un desierto. Decirles que deben darse a la lectura, al pensamiento; que no basta saber bordar y coser; que el piano, el canto, el baile, el dibujo, los idiomas no constituyen sino un preliminar a una educación completa; que sus destinos son más altos y dignos en la sociedad, es predicar en las montañas, pero no como Aquél que hace cerca de dos mil años predicó en un monte, y hasta ahora retumban sus palabras por toda la tierra. Por un oído les entra, y por otro les sale.” Juan Bautista Alberdi, La moda, 1833

“Pero educar a la mujer para la ciencia es empresa tan ardua a los ojos de casi todos los hombres, que aquellos en quienes tiene luz más viva la razón y más sana energía la voluntad, prefieren la tiniebla del error, prefieren la ociosidad de su energía, a la lucha que impone la tarea. Y no seréis vosotros los únicos, señores, que al llevar al silencio del hogar las congojas acerbas que en todo espíritu de hombre destila el espectáculo de la anarquía moral e intelectual de nuestro siglo, no seréis vosotros los únicos que os espantéis de concebir que allí, en el corazón afectuoso, en el cerebro ocioso, en el espíritu erial de la mujer, está probablemente el germen de la nueva vida social, del nuevo mundo moral que en vano reclamáis de los gobiernos, de las costumbres, de las leyes. No seréis los únicos que os espantéis de concebirlo. Educada exclusivamente como está por el corazón y para él, aislada sistemáticamente como vive en la esfera de la idealidad enfermiza, la mujer es una planta que vegeta, no una conciencia que conoce su existencia; es una mimosa sensitiva que lastima el contacto de los hechos, que las brutalidades de la realidad marchitan; no una entidad de razón y de conciencia que amparada por ellas en su vida, lucha para desarrollarlas, las desarrolla para vivirlas, las vive libremente, las realiza. Vegetación, no vida; desarrollo fatal, no desarrollo libre; instinto, no razón; haz de nervios irritables, no haz de facultades dirigibles; sístole-diástole fatal que dilata o contrae su existencia, no desenvolvimiento voluntario de su vida; eso han hecho de la mujer los errores que pesan sobre ella, las tradiciones sociales, intelectuales y morales que la abruman, y no es extraordinario que cuando concebimos en la rehabilitación total de la mujer la esperanza de un nuevo orden social, la esperanza de la armonía moral e intelectual, nos espantemos: entregar la dirección del porvenir a un ser a quien no hemos sabido todavía entregar la dirección de su propia vida, es un peligro pavoroso. Ley eterna de la naturaleza es igualdad moral del hombre y de la mujer, porque la mujer, como el hombre, es obrero de la vida; porque para desempeñar ese augusto ministerio, ella como él está dotada de las facultades creadoras que completan la formación física del hombre-bestia por la formación moral del hombre-dios. Nosotros violamos esa ley, cuando reduciendo el ministerio de la mujer a la simple cooperación de la formación física del animal, le arrebatamos el derecho de cooperar a la formación psíquica del ángel. Para acatar las leyes de la naturaleza, no basta que las nuestras reconozcan la personalidad de la mujer, es necesario que instituyan esa personalidad, y sólo hay personalidad en donde hay responsabilidad y en donde la responsabilidad es efectiva. Más lógicos en nuestras costumbres que solemos serlo en las especulaciones de nuestro entendimiento, aún no nos hemos atrevido a declarar responsable del desorden moral e intelectual a la mujer, porque, aún sabiendo que en ese desorden tiene ella una parte de la culpa, nos avergonzamos de hacerla responsable. ¿Por magnanimidad, por fortaleza? No; por estricta equidad, porque si la mujer es cómplice de nuestras faltas y copartícipe de nuestros males, lo es por ignorancia, por impotencia moral; porque la abandonamos cobardemente en las contiendas intelectuales que nosotros sostenemos con el error, porque la abandonamos impíamente a las congojas del cataclismo moral que atenebra la conciencia de este siglo. Reconstituyamos la personalidad de la mujer, instituyamos su responsabilidad ante sí misma, ante el hogar, ante la sociedad; y para hacerlo, restablezcamos la ley de la naturaleza, acatemos la igualdad moral de los dos sexos, devolvamos a la mujer el derecho de vivir racionalmente; hagámosle conocer este derecho, instruyámosla en todos sus deberes, eduquemos su conciencia para que ella sepa educar su corazón. Educada en su conciencia, será una personalidad responsable: educada en su corazón, responderá de su vida con las amables virtudes que hacen del vivir una satisfacción moral y corporal tanto como una resignación intelectual.

¿Cómo?

Ya lo sabéis: obedeciendo a la naturaleza. Más justa con el hombre que lo es él consigo mismo, la naturaleza previó que el ser a quien dotaba de la conciencia de su destino, no hubiera podido resignarse a tener por compañera a un simple mamífero; y al dar al hombre un colaborador de la vida en la mujer, dotó a ésta de las mismas facultades de razón y la hizo colaborador de su destino. Para que el hombre fuera hombre, es decir, digno de realizar los fines de su vida, la naturaleza le dio conciencia de ella, capacidad de conocer su origen, sus elementos favorables y contrarios, su trascendencia y relaciones, su deber y su derecho, su libertad y su responsabilidad; capacidad de sentir y de amar lo que sintiera; capacidad de querer y realizar lo que quisiera; capacidad de perfeccionarse y de mejorar por si mismo las condiciones de su ser y por sí mismo elevar el ideal de su existencia. Idealistas o sensualistas, materialistas o positivistas, describan las facultades del espíritu según orden de ideas innatas o preestablecidas, según desarrollo del alma por el desarrollo de los sentidos, ya como meras modificaciones de la materia, ya como categorías, todos los filósofos y todos los psicólogos se han visto forzados a reconocer tres órdenes de facultades que conjuntamente constituyen la conciencia del ser humano, y que funcionando aisladamente constituyen su facultad de conocer, su facultad de sentir, su facultad de querer. Si estas facultades están con diversa intensidad repartidas en el hombre y la mujer, es un problema; pero que están total y parcialmente determinando la vida moral de uno y otro sexo, es un axioma: que los positivistas refieran al instinto la mayor parte de los medios atribuidos por los idealistas a la facultad de sentir; que Spinoza y la escuela escocesa señalen en los sentidos la mejor de las aptitudes que los racionalistas declaran privativas de la razón; que Krause hiciera de la conciencia una como facultad de facultades; que Kant resumiera en la razón pura todas las facultades del conocimiento y en la razón práctica todas las determinaciones del juicio, importa poco, en tanto que no se haya demostrado que el conocer, el sentir y el querer se ejercen de un modo absolutamente diverso en cada sexo. No se demostrará jamás, y siempre será base de la educación científica de la mujer la igualdad moral del ser humano. Se debe educar a la mujer para que sea ser humano, para que cultive y desarrolle sus facultades para que practique su razón, para que viva su conciencia, no para que funcione en la vida social con las funciones privativas de mujer. Cuanto más ser humano se conozca y se sienta, más mujer querrá ser y sabrá ser.  Eugenio María de Hostos, Revista Sudamericana, Chile, junio de 1873.

“¡Justicia es lo que necesitamos, no galantería! Que la mujer tenga conciencia de sí misma; hacedla inteligente. Para que tenga inteligencia desarrollad su organismo con elementos iguales que aquellos que rigen la educación del varón; para atraer sobre ella estos elementos y no chocar de frente con las corrientes enervadoras que nos rodean, fundad el hogar campestre donde llevéis a reposar a la familia en largas temporadas; el hogar en el seno de la naturaleza en donde luz, aire, sol, espacio, ejercicio, meditación, sencillez y libertad se aúnan sobre la mujer predisponiéndola a saber pensar; el primer fundamento de todas las humanas dignidades. Para conseguir esto, sacrificadlo todo, galas, vanidades, felicidad, posición, intereses; cuanto sea sacrificable en el orden material de la existencia, y a la par que forméis estas futuras entidades femeninas, con arreglo a la ciencia, a la filosofía y a la moral, decid al oído de vuestras hijas estas palabras: “Toda libertad tiene sus víctimas; toda redención sus mártires; no se triunfa sin luchar; a la mayor altura del ideal corresponde la mayor elevación del calvario; preparaos a la batalla haciendo la renuncia voluntaria del vencimiento, y no levantéis jamás vuestros ojos al cielo cuando se os ofrezca el cáliz de la amargura; a la inmensidad de Dios no llega nunca la pequeñez del hombre, ni aún en su mayor grandeza, que es el dolor; profanar con una sola lágrima de pena el sereno ideal de la gloria es el más impío de los sacrilegios; la hiel no traspasa nunca los límites de nuestro propio corazón, y el secreto para convertir su acritud en dulzura de néctar, consiste solo en levantar nuestro amor más allá de nosotros mismos, más allá de la familia y de la patria, hasta el majestuoso cosmos universal donde se deslizan las humanidades.”

Habladles de este modo a vuestras hijas y entrarán en las nuevas generaciones como la Minerva de la mitología, armadas de todas armas.

Dispensadme que haya abusado de vuestra paciencia y llevaros en vuestro pensamiento la certidumbre de que, para testificar mis convicciones, no he vacilado un solo instante en entregar mi personalidad a los sacudimientos de la pública opinión, ¡tan inclinada a colocar en la picota del desprecio a toda alma que intenta evadirse del nivel admitido! ¡picota más abrasadora que las hogueras inquisitoriales! picota a la cual, si es preciso subir, ascenderé serena; de tal modo encuentro insignificante la felicidad, la vida y el nombre, ante la grandeza de ese ideal sublime que surge en los orientes del porvenir, levantando sobre apoteosis gloriosa al hombre y a la mujer, unidos por eterno abrazo de sus inteligencias y de sus corazones, para el solo fin de la ventura humana. He dicho.  Conferencia, Doña Rosario de Acuña en el Fomento de las Artes, la noche del 21 de Abril de 1888. Las Dominicales del Libre Pensamiento. Miércoles 25 de Abril de 1888 (Número extraordinario).

Ahora bien, ser mujer, zurda y rh negativo es ya una maldición.

“cara sorella”: otros salieris, apenas tu retrato

Posted in Esto es todo, amigos, Reproducción sexuada with tags , , , , , , on 5 febrero, 2012 by Claudia Gilman

A lo mejor Marianne, hermana mayor de Wolfgang Amadeus Mozart, era una niña música precoz, prodigiosa pero mediocre. Nos quedan sus retratos y alguna evocación literaria.

Seré artillero, mamá

Posted in Esto es todo, amigos, Reproducción sexuada with tags , on 25 enero, 2012 by Claudia Gilman

La valerosa participación de emigradas españolas en la resistencia francesa durante la guerra ha sido poco agradecida. Ni hablar del silencio que pesa sobre los campos de concentración donde fueron encerrados tantos republicanos en el exilio tras la victoria de Franco.

Basta ver las imágenes de este video y escuchar la letra de las canciones para entender cuán  natural es la valentía de la mujer, que siempre ha sido valiente, y qué natural es que en ejercicio de cualquier deber, se de por sentado que conserve siempre la misión de glorificarla memoria de un hombre, incluso si está en juego su vida. Y más, tiene que saber quién es el padre del niño. No hace falta estar en el frente para saber que la mujer es soldado, que está soldada como por la suela del zapato a lo que le toque hacer y sin esperar nada. Ni las gracias.

Decorativas, inspiradoras, las mujeres valientes a veces son las qué más sufren “violencia de género”. Cuanto más tiene más se le puede pedir. Parece ser una variante más humanitaria que el castigo y más conveniente para el amo, que tal vez no se anime a pegarles. Se dice que la mujer es más “sufrida”. Lo dicen los que saben que es más sufrida porque son quienes las hacen sufrir en el conocimiento de nadie sabrá nada de dolores ni habrá la menor queja. Eso es ser sufrido: acatar, aguantar, tolerar y seguir cultivando el jardín de quien no le dará ni una flor. Los animales que el hombre domesticó para que lo sirviera reciben al menos un trato que evita que los abusos le impidan cumplir con esos servicios. La otra domesticación, que lleva dos años y que coincide con la “historia” del mundo, ya que desde que hay registro escrito la mujer ha sido abiertamente excluída, tanto de la racionalidad como del bien y de la belleza, de la educación, de la ciudadanía, del canto, del ministerio religioso y de la libertad de reunión con sus semejantes. Esta domesticación es la primera y la más definitiva para cualquier otra de las que pueden pensarse. Engels pasa muy rápidamente de la breve queja por el triunfo del patriarcado a desarrollar asuntos más importantes. Y, sin embargo, no hay asuntos más importantes. No hay proletarios sin prole: sus mujeres sí tienen mucho que perder. La idea de que la prole signifique tan poco comparada con los beneficios materiales sólo puede ser concebida por un varón, que no tiene idea de lo que cuesta esa fabricación a quien pone su cuerpo, tiempo, salud y energía mientras el proletario aun sin prole pasa hambre, como ella, pero sin otra preocupación que la de cualquier otro proletario. Eso pasa también con el burgués y el duque. Someter a un igual, aunque no se lo considere igual, como atestigua el memorial de agravios bimilenario que nadie ha desmentido, asegura no poca sensación de poderío y de impunidad a quien tiene ese poder sobre algo humano. La igualdad recientemente postulada y exigida por la ley puede muy bien ser letra muerta. Una verdad hay y es la del mando. Nunca el perro mandará al amo. Herrshaft, el dominio, el señorío se poseen por nacimiento y costumbre y son masculinos. Para no ejercerlo hay que renunciar a él. Nadie baja del caballo para volverse hombre de a pie y no hay ninguna razón para que exista un hombre de a pie sino porque hay otro, que está a caballo. Razón por la cual el centauro es el único híbrido que lejos de ser un monstruo encarna la absoluta perfeccion y el poderío. Otros dirán que la belleza, pero eso presupone que el caballo es, como se pretende, tan feliz como el jinete. Por ahora no lo sabremos.

En todas partes se admite que en los relatos heroicos de la Resistencia Francesa se ha silenciado el valor de las mujeres españolas que debieron emigrar tras la victoria de Franco. Decorativas, inspiradoras, las mujeres valientes a veces son las qué más sufren la violencia. Tal vez no se animen a pegarles, no se conformen con domesticarlas “por las buenas”, exigiéndoles coraje, recursos, cuidados maternales y todo lo que cualquier hombre hace sin que, como un hombre hace, consiga que otro cante sus glorias o logre hacerse oír y aplaudir sus proezas. Se dice que la mujer es más “sufrida”. Lo dicen los que saben que es más sufrida porque son quienes las hacen sufrir en el conocimiento de nadie sabrá nada de dolores ni habrá la menor queja. Eso es ser sufrido: acatar, aguantar, tolerar y seguir cultivando el jardín de quien no le dará ni una flor. Los animales que el hombre domesticó para que lo sirviera reciben al menos un trato que evita que los abusos le impidan cumplir con esos servicios. La otra domesticación, que lleva dos años y que coincide con la “historia” del mundo, ya que desde que hay registro escrito la mujer ha sido abiertamente excluída, tanto de la racionalidad como del bien y de la belleza, de la educación, de la ciudadanía, del canto, del ministerio religioso y de la libertad de reunión con sus semejantes. Esta domesticación es la primera y la más definitiva para cualquier otra de las que pueden pensarse. Engels pasa muy rápidamente de la breve queja por el triunfo del patriarcado a desarrollar asuntos más importantes. Y, sin embargo, no hay asuntos más importantes. No hay proletarios sin prole: sus mujeres sí tienen mucho que perder. La idea de que la prole signifique tan poco comparada con los beneficios materiales sólo puede ser concebida por un varón, que no tiene idea de lo que cuesta esa fabricación a quien pone su cuerpo, tiempo, salud y energía mientras el proletario aun sin prole pasa hambre, como ella, pero sin otra preocupación que la de cualquier otro proletario. Eso pasa también con el burgués y el duque. Someter a un igual, aunque no se lo considere igual, como atestigua el memorial de agravios bimilenario que nadie ha desmentido, asegura no poca sensación de poderío y de impunidad a quien tiene ese poder sobre algo humano. La igualdad recientemente postulada y exigida por la ley puede muy bien ser letra muerta. Una verdad hay y es la del mando. Nunca el perro mandará al amo. Herrshaft, el dominio y el señorío se poseen por nacimiento y costumbre, por ahora. Para no ejercerlo hay que renunciar a él. No es frecuente. Se descuenta que la madre del futuro artillero tiene que saber quién es el padre.

Un dilema: el futuro llega pero el pasado no se cancela

En 1879, el autorizado catedrático y pensador Manuel de la Revilla se admiraba desde las páginas de una revista madrileña del altruísmo de su época: “Para todo ser que sufre y llora hay en esta época amor y simpatía; el niño, la mujer, el proletario, objeto son de su atención y sus desvelos, y no hay pensador ni estadista que se sienta tranquilo y satisfecho mientras el dolor y la desgracia existan en el mundo. La caridad se extiende a todo ser vivo y por todas partes surgen pensadores que de la suerte de los infelices y los desvalidos se preocupan, y hombres de acción que se asocian y trabajan para llevar a la práctica los humanitarios principios de los primeros. Pudiera decirse de este siglo, como de la Magdalena, que mucho le será perdonado, porque ha amado mucho; y pudiera afirmarse también que si el cristianismo es la religión de la caridad, y del amor, no hay siglo más cristiano que éste, que apenas cree en Cristo.” Es sorprendente que las reflexiones sobre la desigualdad o igualdad de la mujer estuvieran determinadas entonces por el interés en definir si debía o no penarse la prostitución. La mujer en general es mera excusa para atender a un tema de tanta mayor importancia. El sabio de la Revilla debe legitimar el derecho a servirse de meretrices en la desigualdad de los géneros, lo que le ocupa largas parrafadas en tres entregas sucesivas. Lentamente va llegando a su punto: ” Hablar, pues, de igualdad tratándose de hombres y mujeres, es dar prueba de desconocer por completo las leyes de la naturaleza. Fisiológicamente considerada, la mujer es un término medio entre el niño y el adulto; o lo que es igual, es siempre adolescente. Su inteligencia (salvo raras excepciones) es inferior a la del hombre…

La vida de la mujer se reconcentra en la familia y tiene por fin único la reproducción. Si prescindimos de esto, la existencia de la mujer es inútil e inexplicable. Por eso la mujer que renuncia a él voluntariamente, es un fenómeno que sólo merece aversión y desprecio. Por eso el monacato femenino, por más que se pretenda idealizarlo, es un atentado contra el destino de la mujer y contra las leyes de la humanidad. … En cambio, para él son los peligros y los afanes. Él ha de buscar con el sudor de su rostro el pan de sus hijos; él ha de defender su hogar amenazado; él ha de llevar sobre sus hombros la carga penosa de encaminar la humanidad por la senda del progreso. La mujer, en tanto, al abrigo de las tempestades, guarda en el hogar el fuego sagrado del amor, embellece y encanta la vida agitada del hombre y le espera en el santuario de la casa, después de la hora de la angustia y la fatiga, para enjugar su rostro sudoroso, restañar la sangre de sus heridas y recompensar sus afanes con el beso del amor. Si el hombre es soberano del mundo, ella es reina y señora del hombre; su misma flaqueza es escudo que la ampara de todo ataque y toda ofensa; y ante ella se postran, movidos, si no por el amor, por la galantería, el fiero guerrero como el legislador adusto, el apasionado artista como el filósofo severo. …

¡Ah! Si por desdicha llegase a existir un día la mujer sabia y emancipada que algunos sueñan, ¡qué inmensa sería la desventura del hombre! ¿Adónde volvería los ojos en busca de amor y de consuelo? ¿Cómo había de amar a su varonil consorte? ¿Cómo había de ver en el astuto político, el severo magistrado o el belicoso guerrero la madre de sus hijos, la dulce compañera de su existencia? El mundo acabaría entonces sin necesidad de cataclismo alguno, porque los hombres se condenarían a perpetua continencia antes que unirse con semejantes monstruos. Si las mujeres conocieran la inmensidad del horror y del desprecio que nos inspiran cuando pretenden equipararse a nosotros, si pudieran comprender todo lo que hay de odioso y de ridículo en la mujer varonil, ¡qué pronto renunciarían a sus pretensiones, y qué maldiciones lanzarían a los defensores de su emancipación! …

En su organización actual; la sociedad exige del bello sexo el tributo anual de un número inmenso de víctimas, que han de ser sacrificadas en los altares del libertinaje. Si este tributo faltara, si el vicio, la miseria, la seducción y el abandono no pusieran a disposición de la sociedad el número de víctimas necesario, es lo cierto que se produciría una perturbación terrible en el orden social, no menos grave que si un día se negasen todos los ciudadanos a prestar el servicio militar. Henos aquí otra vez enfrente de una de esas pavorosas antinomias que espantan a la razón y a la conciencia y llevan el desesperado pesimismo al ánimo del más creyente. A despecho de las incesantes predicaciones de la moral y de la religión, el instinto reproductor, más poderoso que todas las pasiones juntas, más fuerte que todas las leyes y todos los sistemas, se impone al hombre y exige de él, con impulso irresistible, su inmediata satisfacción. En abierta pugna las ciencias de la naturaleza y las del espíritu, declaran las primeras impulso legítimo y necesidad imperiosa lo que las segundas reputan torpe y grosero pecado; y más fuerte el instinto que la voluntad y la razón, todo lo atropella, todo prescinde y da la razón en el terreno de la práctica a las ciencias de la naturaleza. Con su benévola indulgencia, al menos con su tolerancia, consagran el hecho la opinión pública y la conciencia social, y poco atenta a proporcionar los individuos las condiciones necesarias para anudar temprano los santos lazos del matrimonio, la sociedad contribuye indirectamente a favorecer el libertinaje. Imposibilitada la satisfacción legal de sus instintos, benévola la opinión, muda o indiferente la conciencia, dudosa o remota la amenaza la religión, el individuo, por todas partes incitado y sólo por débiles trabas contenido, lánzase a satisfacer sus apetitos, sin que haya freno que le detenga, pues hasta el pavoroso fantasma del infierno ha sido impotente para lograrlo. El mal es evidente y contra él se estrella y se estrellará siempre toda previsión humana. Mientras el hombre no se halle en condiciones para contraer desde su primera juventud uniones lícitas, vano e ilusorio será cuanto se intente para pedir el desbordamiento de sus pasiones. Y si esto era imposible cuando le amenazaban la justicia de un Dios y la promesa de un infierno, ¿qué será en estos tiempos de incredulidad en que sólo espera tras de la terrestre vida el sueño eterno de la nada, la absorción en la sustancia infinita o una serie de peregrinaciones de ultratumba, en que no hay falta que no se lave, ni pena que no tenga término? El único remedio sería la universalización del matrimonio; pero a esto se oponen obstáculos gravísimos. Plantear esta cuestión vale tanto como evocar el siniestro espectro del problema social. ¿Cómo ha de fundar familia el que no tiene posición ni fortuna? ¿Cómo proporcionar ambas cosas al hombre desde la adolescencia? El problema no tiene solución, al menos en las actuales circunstancias, y acaso no lo tenga nunca. El problema, que revela una contradicción flagrante entre la naturaleza y la sociedad por una parte y la moral por otra, es en suma una de las mil fases siniestras del fantasma del mal que se enseñorea del mundo y a todas partes tiende su mano ensangrentada. Renunciando, pues, a resolverlo (al menos por ahora), resulta claro como la luz que la prostitución es una necesidad social. Si no existiera, cada año arrojaría sobre la sociedad una banda de mozos audaces y desenfrenados que no dejaría con honra a mujer alguna. La prostitución es al modo de compuerta de seguridad, que da fácil salida a estos desbordados apetitos, y atenúa, si no impide, sus estragos. Para que la doncella viva segura y tranquila, y la esposa esté al abrigo de reiterados ataques, es fuerza el sacrificio de una serie de mujeres infelices, destinadas a guardar, a costa de su honra, la de las demás.

Científicos, políticos, sacerdotes, filántropos y filósofos impiden, salvo que se prohíba por decreto el pasado, olvidar o sancionar tan confiadas argumentaciones y expresadas con total libertad ante pares que no formaron ejércitos para defender la causa de quienes salvo pocas excepciones han sido objeto de desprecio y sometimiento a lo largo de la supuesta evolución del homo sapiens. Ni experimentalmente se encararon proyectos para constatar empíricamente la inferioridad postulada. Las leyes incorporan la posibilidad de ejercer derechos nunca habidos pero no estipula que las costumbres tiendan a estimular ese ejercicio.

Gina Lombroso, la hija del conocido criminólogo que veía en los cuerpos las señales de peligrosidad de los individuos, advertía hace no mucho: “La mujer que estudia no vuelve a recuperar su auténtica inteligencia hasta que se le ofrece la ocasión de  olvidar lo aprendido o de aplicarlo a la vida”. Desde Aristóteles hasta Schopenhauer, para poner un ejemplo, se ha mantenido intacta la relación entre honor e ilusión viril. También que la mujer, contra lo que parece hacer creer la industria de los cosméticos, nunca fue linda. El autor de El mundo como voluntad y representación da por sentado que habla en nombre de muchos cuando afirma: “Preciso ha sido que el entendimiento del hombre se obscureciese por el amor para llamar bello a ese sexo de corta estatura, estrechos hombros, anchas caderas y piernas cortas. Toda su belleza reside en el instinto del amor que nos empuja a ellas. En vez de llamarle bello, hubiera sido más justo llamarle inestético”. Es totalmente lógico que un varón se subleve si lo obligan a escolarizar a su caballo.

Sin organización, no hay rebelión. Un hombre nunca está lo bastante domesticado como para no intentar una lucha. Un par de perros que apenas se conocen poco pueden hacer contra los que desde que tienen uso de razón, mandan y comparten un diccionario para entenderse y los recursos para hacer lo que quieren, al menos con los perros.

Leyes excelentes en espíritu que velan por la igualdad de derechos como velan contra los homicidios no pueden impedir que los actos ilícitos sigan existiendo. Puede penarlos. El problema con la ley burguesa no es que sea burguesa. La peor ley burguesa siempre será mejor que los que la incumplen. Desde Hammurabi a esta parte una gran línea de continuidad sugiere que ciertos delitos han superado la barrera de la discontinuidad histórica y refrendan una continuidad de la especie. Algunas expecies se extinguieron. Otras, al menos desde que han sido descriptas, mostraron cambios poco significativos en su evolución. La larga duración es maestra de maestras.

¿Puede hablar el subalterno?

Posted in Reproducción sexuada with tags , , on 22 enero, 2012 by Claudia Gilman

Algunas indagaciones, propuestas y consideraciones en torno a una extraña interrogación que procede de ámbitos académicos.

El que pregunta no se considera subalterno.

El que pregunta entiende que sí puede hablar: de hecho, al preguntar está hablando.

El que pregunta sugiere que el “subalterno” no habla. Al menos, el que pregunta no lo ha escuchado puesto que, de lo contrario, la pregunta carecería de sentido. El que pregunta no explica quién es el “subalterno”.

Tanto si habla, grita o aúlla, ese “subalterno” no está siendo oído por quien pregunta acerca de las posibilidades del “subalterno” de hablar. Ergo, el que pregunta lo hace retóricamente puesto que no hace oídos al “subalterno” sino a su propia pregunta y, eventualmente, a su respuesta.

El que pregunta ha dado un nombre extravagante y peyorativo a quien llama “subalterno”. Es posible que el “subalterno” no se reconozca bautizado con esa denominación.  Cuando Robinson Crusoe establece “te llamaré Viernes” para llamar a Viernes, ignoramos qué decisión adopta el llamado Viernes sobre cómo llamar a Crusoe. A lo mejor lo llama “idiota” pero no lo sabremos.

Proposiciones:

1. Un sano silencio permitirá a quien habla dejar de oír su propia voz y, eventualmente, averiguar quién habla.

2. Un sano silencio incrementa la reflexión y puede que considere absurdas algunas preguntas.

Qué dice la historia:

1. Las mujeres no tenían permiso para hablar. Al contrario, el silencio era la terapia que durante casi dos mil años les fue prescripta.

2. La prohibición de hablar se extendió a muchas otras: cantar, actuar en el teatro, votar, administrar sus bienes.

3. Siempre se prohíbe hacer lo que se puede hacer. Exceptuando las ficciones de Kafka, donde la desproporción de la ley es constitutiva de su crítica, en el mundo real los legisladores tienden a ahorrar energía y tiempo evitando prohibir prácticas que imaginan irrealizables: por el momento no está prohibido ir en bicicleta a la Luna y nadie lo ha intentado.

4. Se deduce de lo anterior que matar y robar son actos en extremo frecuentes entre los seres humanos.

5. No está claro que exista una prohibición universal contra el incesto. El debate sobre si esa inexistente prohibición es cultural o biológica pasa por alto el hecho de que dicha prohibición no se encuentre formulada. En cambio, las prácticas de incesto están ampliamente documentadas. Es extraño deducir que Edipo Rey revela que en todo hombre existe la fantasía de matar al padre y casarse con la madre. Aristóteles menciona que si uno mata a su padre ignorando la filiación, no hay dolo. En Edipo Rey queda perfectamente establecido que un padre sí puede desear y hacer cumplir su deseo de matar a su hijo, sin ignorar la filiación entre ambos. Layo decide matar a Edipo. Comete el error de encomendar la tarea a un tercero imbuido de compasión humana que incumplirá la orden. Tercerizar no siempre da buenos resultados.

El “subalterno” nunca está solo y con ese nombre nunca hablará o nunca será escuchado. ¿Yo puedo hablar? Si yo puedo hablar, haciendo uso del pronombre que está disponible para todos, todos pueden hablar. La pregunta es:  Quien se excluye del conjunto del “subalterno” y hace del subalterno una suerte de individuo inverosím revela que sólo se interesa en preguntar y responder su pregunta de manera retórica. ¿Yo puedo hablar? Tal vez sea la gran pregunta. Me llamarás subalterna. Yo te llamaré con nombres secretos.

Sobre la máscara: la idea de que el teatro griego señalaba fundamentalmente, a través de las máscaras, la diferencia entre comedia y tragedia no es totalmente acertada y escamotea un detalle fundamental. La máscara, que es el modo en que el hombre puede pasar a ser mujer de manera convencional, distingue femenino de masculino. Hoy parece normal que una actriz represente a Medea. El problema de la falta de pensar el pasado con la ceguera ideológica del presente impide ver la radical anomalía de postular una Medea mujer en los anfiteatros de la Hélade. La incorporación de personajes femeninos y de esclavos permitía exhibir sentimientos patéticos y penurias que no podían atribuírse a los hombres. La catarsis y purificación del espectador vinculada a pasiones que el teatro en una misma operación acercaba y alejaba era también una mascarada. Máscara, por otra parte, lleva su sello etimológico tan vinculado a lo masculino que parecería superfluo pero no lo es, recordar que sólo el varón está asociado a la máscara: yo es otro puede ser yo es mujer gracias a los disfraces sólo accesibles al varón, como sólo eran accesibles al varón los derechos de ciudadanía, el uso de las armas, los cargos públicos y la vida contemplativa. La mujer no puede ser varón: está fuera de las posibilidades de la imaginación una conjetura lógica pero empíricamente del orden de lo impensable. Si algo otro entra en el campo de las posibilidades de mutación de la mujer es lo monstruoso y lo erróneo porque, recordemos, la mujer no es racional. Sapiens es el homo. Esa afirmación no ha sido desmentida de manera oficial y pende sobre ese bimilenario prejuicio la necesidad de una reparación que no le ha sido negada, pongamos por caso, a Galileo. La igualdad ante la ley tampoco ha reparado que el fundamento de esa igualdad no es ideológico ni ético sino racional y empírico. Las prohibiciones impuestas a las mujeres tornan más meritorio que pese a la sistemática prohibición de hablar, escribir, educarse, cantar, actuar, votar, reunirse, publicar, decidir o liderar, las mujeres hemos aprendido a hablar y, en algunos casos, a abastecer los más altos requisitos de la ciencia.

Sigue siendo curioso que la medida del valor de un tenor dependa de sus agudos, ese registro en el que naturalmente se despliega la voz femenina. Valorada incluso como “voz angélica” sólo pudo hacerse material en cuerpos de varones castrados. Castrados por otros varones, naturalmente. El temor a la castración debería vigilar los movimientos de los hombres, los únicos que históricamente arbitraron los medios para mutilar a otros de su especie. La castración y la guerra son actividades masculinas. La virtud, la virilidad y la fuerza, al igual que la máscara, la pose y el monopolio legítimo de convenciones transgenéricas han sido siempre propiedad de los hombres. La patria y el patrimonio también. El subalterno que habla en mis palabras decide ejercer el derecho a rechazar un legado, el famoso “con beneficio de inventario”. Nadie quiere un cofre que corsarios han vaciado de tesoros: entrego la humanidad a los sapiens para que se ocupen de separar los errores de los aciertos. Yo, argentina. Irresponsable pero no incapaz. Universal, sagrada, nueva y verdadera.