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Borges ultraísta: “CASA ELENA”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , on 25 marzo, 2012 by Claudia Gilman

                                                 CASA ELENA

                                  (Hacia una Estética del Lupanar en España)

      Las paredes petrificadas en un gesto de máxima severidad nos  lapidan. Los carteles borrachos saltan de los balcones. Pero junto a un rectángulo iluminado que susurra

C A F É

hay un zaguán y una escalera vehemente, y una `puerta que cede con esa sumisión de los libros que se abren en la pagina manoseada y requeteagotada por el estudio.

Luego  =========== el burdel

***

Un cuartujo donde algún (sic) que otro sombrero decapitado se desangra en las perchas. Unas cuantas muchachas. Un tropical enroscamiento de risas. Ciñendo un velador donde se pluraliza la mentira de un carnaval de naipes, se despereza nuestro aburrimiento. Las mujeres — el muestrario esperanzado y ecuánime del burdel de provincias – se ofrecen con la porfía intermitente de un albarán demasiado alto.

Domina una atmósfera de espontaneidad y de puericia. Un ambiente de cuarto de juguetes y de patio con surtidor. Enteramente primitivo, anti-cristiano, anti-pagano, anti-maximalista y anti-patético.

***

Aquí fracasan todas las religiones. La concepción judáica fracasa, ya que al árbol del Génesis lo han talado a golpe de falo  y Adán y Eva se ven aquí reducidos a su actuación más lamentable de mercancía y comprador. La concepción hedónica fracasa, ya que al placer lo han mutilado, robándose las tiaras prestigiosas de la visión romántica y subrayando su tonalidad de fatalismo duro.

Todo es amaestrado, manso, oficial. Primitivo al mismo tiempo que encarrilado, tal un caballo que hace pruebas o una vidalita donde rimen dolor y amor…  Y nosotros aguardamos al margen de la media noche como al margen de un río.

El día, como un perro cansado, se tiende a nuestros pies y le acariciamos el lomo. Y la Estatuaria –esa cosa gesticulante y mayúscula—la comprendemos, al deliciarnos con las combas fáciles de una moza, esencial y esculpida como una frase de Quevedo. Y que acepta  –sin mayor alarde de asombro—la oxidada moneda falsa de nuestros verbalismos.

***

Después========== la trabazón carnal. Con estas tres palabras me basta. Ya que el placer, siendo algo que no está en el recuerdo, es igualmente inabarcable para todas las fórmulas.

De la madeja sensorial, la memoria sólo almacena los datos auditivos y visuales. Los otros –placer, dolor, estados térmicos—únicamente  persisten vertidos al lenguaje de la visualidad y de la audición. E Íntimamente, ¿qué pueden importarnos las interjecciones y la plasticidad de las etapas del ayuntamiento, si estas cosas tienen sólo un valor de paralelismo con el placer, que es lo único esencial y que nadie logrará jamás encerrar en una urdimbre de arte.

***

Salimos. El bloque de aire cuadrangular que oprimía nuestras espaldas se hunde. El andamiaje de guirnaldas de brazos y voces acarameladas también se aleja. El cielo se ha llenado de astronomía. Una estrella jadeante tiembla sobre los techos del mercado. Nuestros ojos pulsan muchas estrellas. Las calles, como rieles expertos, nos empujan no se sabe a qué parte.

Contra el silencio de acero de la ciudad nuestros pasos rebotan, como si fuésemos las avanzadas de un ejército que viniera a conquistar la ciudad desmantelada y desnuda. Una hora floja cae tropezando de un reloj. El viento escamotea las luces o las ahorca. En los arrabales del mundo el amanecer monstruoso y endeble ronda como una falsedad.

                                                                         JORGE-LUIS BORGES

En Revista Ultra, Año1 Número 17, Madrid, 30 de octubre de 1921.

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¿Post? ¿Fría? Revisen el diccionario o que alguien aclare dónde queda el mundo mundial

Posted in Historia Universal, Peer Review with tags , , , , , , , , , , , on 11 marzo, 2012 by Claudia Gilman

Cuando el mundo tembló

El Nuevo Mundo, Indias Occidentales y otras regiones parecen ser “extras” en el largo filme que ha dado nacimiento a los conceptos “mundial” “internacional” o “global”. La Internacional del conocimiento debería explicarse mejor. Es imprescindible limpiar el diccionario o reponer las representaciones ausentes.

Recordar, por ejemplo, 1949 , 1959, 1962…. Recordar Vietnam….

Falta para el fin de la Historia; ¿quién será el último de sus oradores o escribas? ¿Hara falta un avatar afinado históricamente que, cual Bartolomé de las Casas decida si tienen o no alma quienes viven en el hace no tanto llamado Tercer Mundo. Queridos filósofos como Jacques Derrida o Alan Badiou también derrapan en sus diagnósticos sobre el pasado reciente, el presente o las visiones de futuro… Desde acá, recordamos que estamos y que estábamos.

Un poema ultraísta de Jorge Luis Borges: “Norte”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , on 15 febrero, 2012 by Claudia Gilman

NORTE

Los carteles borrachos

        saltan de las fachadas

y las proas enhiestas de las casas

van talando los años

Los edificios caen sobre mis ojos

Me lapidan los muros

Arrecian muchedumbres

      con un motín en los brutales puños

Yo he de romper en mi rodilla

el yugo de la noche que me unce

JORGE-LUIS BORGES.

V___L

TRA,   Año I, Número 7, Madrid, 10 de abril de 1921

José Sarukhán: las musas de Darwin

Posted in Esto es todo, amigos with tags , , , , , , , on 4 febrero, 2012 by Claudia Gilman

En Las musas de Darwin (claro y generosamente disponible a la lectura de quien lo desee, como debe ser y ya dejo puesto el enlace que lleva hasta allí) José Sarukhán despliega una historia de cómo las ideas de los hombres han contribuido a comprender el mundo y transformarlo, ocupándose de practicar la selección artificial, incluso antes de conocer la “selección natural”. No sólo puede uno subrayar lo mucho que debe a América el resto del mundo, que será tema de reflexión futura, sino de interrogarse en qué medida el tipo de selección realizado por el homo sapiens, en particular mediante la domesticación, conduce o no a alguna clase de evolución. Tal vez la evolución sea, como otras ventajas, privativas de algunos. No sabemos si a los perros les importa haber sido domesticados pero queda claro que las nuevas leyes que desde hace muy poco establecen la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, no la hacen efectiva. La domesticación de la mujer, que ha sido ejercida de manera sistemática y regular por culturas diversas, alejadas en tiempo y espacio, puede que no redunde en beneficio de la especie. Y no importa cuán domesticado u obligado a acatar mandos se encuentre un varón “oprimido”: siempre tendrá la posibilidad de continuar domesticando perros y mujeres. Las leyes no prohíben matar ni robar: sólo castigan, en algunos casos, a los reos que encuentra culpables. Es decir que para ejercer un derecho que no se otorga, no hay otro expediente que ir a reclamarlo. Y, todo el mundo lo sabe o lo sospecha, no es sencillo.

Copio un fragmento particularmente significativo del libro que recomiendo, aclarando que nada tiene que ver con los llamados de atención precedentes.  Una vez más, el “caso” Semmelweis proporciona indicios estructuralmente reveladores de cómo funciona el animal humano. Mi propósito es, al mismo tiempo subrayar esta regularidad y asentar una melancólica posibilidad: que las condiciones actuales del “pensamiento” por el que se otorgan títulos con incumbencias profesionales, esté alejando toda posibilidad de oír alguna musa de aquí en más.

A continuación, textuales, las palabras del doctor Sarukhán:

“Para muchos, la ciencia está constituida por la acumulación de descubrimientos o “inventos”, ya que ésta es la manera en que, a través de diversos medios, recibe la información de su desarrollo. Aun en los reconocimientos científicos más importantes, como el premio Nobel, el énfasis está en sólo una parte de la creación científica: la de los aspectos utilitarios. La imagen de la ciencia como una simple acumulación de hechos y datos es distorsionada e incompleta, ya que hace caso omiso de la forma en que se originan los conceptos y las ideas, o se mejoran los ya existentes, lo cual es básico para la generación de los “productos terminados” de la ciencia. El entendimiento del mundo que nos rodea se logra mejor mediante grandes avances conceptuales que por la simple acumulación de hechos y datos.

Einstein, como cualquier otro científico, no habría podido elaborar la teoría de la relatividad si hubiera estado aislado del pensamiento de sus colegas físicos, tanto sus contemporáneos corno los que le precedieron. Los elementos que empleó para desarrollar la teoría general de la relatividad se originaron en el conocimiento de sus colegas, gran parte del cual tenía varios años de haberse producido.

Las ideas y los conceptos que constituyen el cuerpo medular del conocimiento científico de la humanidad se desarrollan poco a poco, en un lento proceso de comparación, de selección de la información disponible, de evaluación de datos e ideas y, finalmente, de su incorporación a dicho cuerpo de conocimientos. Sin embargo, en muchas ocasiones el progreso en la ciencia ocurre por medio de abruptos y dramáticos cambios. Cambios que pueden iluminar de golpe el escenario de la fenomenología natural, o bien romper el “equilibrio del conocimiento” de la humanidad, estableciendo un continuo proceso de construcción, crisis, demolición y reconstrucción de las ideas en una nueva síntesis, a partir de la cual se renueva el ciclo.

Lo anterior define el avance de la ciencia como un proceso poco predecible, un tanto aleatorio; pero el avance sigue y tiende a volverse menos impredecible y aleatorio en la medida en que se entienden mejor los fenómenos de la naturaleza y se intuye más el derrotero que el conocimiento puede seguir.

Es indudable que la evolución de las ideas puede recorrer caminos equivocados y llegar a callejones sin salida, y que la diversificación de las ideas tiene periodos de crisis, de gran actividad y de estabilización. Por ello, la historia del pensamiento científico está caracterizada por un desarrollo discontinuo, no solamente en orientación, sino también en intensidad.

Las síntesis innovadoras en la ciencia tienen origen en la conjunción de ideas que previamente aparecen inconexas. Esta síntesis es generadora de grandes cambios en la historia de la ciencia cuando dos disciplinas que se habían desarrollado independientemente confluyen y generan un nuevo orden, dando unidad a lo que parecía ser improbable. Sin embargo, este proceso de “hibridación”, ya sea entre ideas aisladas o entre disciplinas diferentes, no es sencillo, ya que produce una interferencia mutua y un intercambio de características, cuyo resultado es una transformación entre los dos componentes.

La reinterpretación de las ideas existentes y del conocimiento previo ha desempeñado un papel central en el desarrollo de la ciencia. Esto no implica que la adquisición de información y datos nuevos tenga importancia secundaria, ya que el valor de la experimentación y la observación empírica es capital. Sin embargo, la colección de datos y hechos fuera de una matriz selectiva de pensamiento, es decir de una teoría, sí puede resultar irrelevante. Thomas H. Huxley, de quien haré referencia con mayor detalle más adelante, comentaba que aquellos que en la ciencia insisten en no ir más allá de los hechos rara vez llegan a ellos, y que la ciencia está hecha de hipótesis que aunque después han sido comprobadas, tenían muy poco fundamento en el momento de su proposición. El físico Sir Lawrence Braggs, ganador del premio Nobel por descubrir estructuras cristalinas mediante la utilización de rayos X, propone que la esencia del quehacer científico reside no tanto en el descubrimiento de nuevos hechos, sino en encontrar formas nuevas y originales de interpretarlos. Baste recordar que Copérnico revolucionó la manera de pensar de la humanidad acerca del movimiento planetario antes de la invención del telescopio, el instrumento que más ha ayudado a los astrónomos a lograr nuevos hallazgos acerca del universo en que vivimos. Los hechos en que se basó para explicar el movimiento de los planetas eran conocidos por todos, y sin embargo nadie los había interpretado como lo hizo Copérnico.

La información, los datos y las cifras representan las pequeñas piezas necesarias para construir un mosaico; sin embargo, la manera de combinar y colocar las piezas es lo que logra los diseños con significado y lo que crea las nuevas formas. Existen en la estructura de la ciencia fuerzas internas que la sostienen pero que en ocasiones actúan como poderosas barreras contra el avance del conocimiento. Estas fuerzas constituyen lo que podríamos llamar el “establecimiento científico”, esto es, organizaciones tales como los centros de investigación, las sociedades científicas, los mecanismos de difusión del conocimiento original, entre los que se encuentran las revistas científicas, etc. Al igual que toda organización humana, adolecen de males como los intereses de grupo o de individuos. Sin embargo, en estricto honor a la verdad, aunque tales estructuras hayan bloqueado algunas ideas innovadoras, al final de cuentas la verdad termina por imponerse a los intentos para preservar el statu quo en una disciplina. No obstante, estos brotes de conservadurismo dejan víctimas, en ocasiones en forma dramática. Un ejemplo tristemente célebre es el de Ignaz Philipp Semmelweis, joven médico húngaro que trabajaba en la primera clínica obstétrica en Viena alrededor de 1845. En ese tiempo no era raro que las madres contrajesen una infección —frecuentemente mortal— inmediatamente después del parto. La mortalidad por fiebre puerperal, que es el nombre de esa enfermedad, podía alcanzar hasta 25% de los casos. Semmelweis se interesó especialmente en estudiar las causas de esa infección y la razón de por qué su incidencia era muchísimo mayor en los hospitales que en los hogares, donde algunas mujeres atendían su parto. Como consecuencia de la muerte de un muy buen amigo suyo que era patólogo y que contrajo la infección al analizar el cadáver de una mujer que había fallecido de fiebre puerperal, Semmelweis llegó a la conclusión de que el portador de la infección era el personal que atendía a las parturientas, en especial los estudiantes de medicina y sus profesores, ya que las atendían después de practicar autopsias y operaciones en cuerpos infectados. De inmediato, Semmelweis organizó un experimento para probar su hipótesis, para lo cual ordenó que en un ala de la clínica todos los estudiantes se lavaran concienzudamente las manos con agua, jabón e hipoclorito de calcio; en la otra ala, atendida normalmente por parteras que no tenían contacto con otros enfermos y donde las muertes por fiebre puerperal eran más bajas que en la sección atendida por los estudiantes, las parteras no se lavarían las manos como aquéllos.

Los resultados fueron contundentes. La mortalidad en el ala donde los estudiantes tenían que lavarse las manos al salir de las salas de operaciones y de autopsias antes de atender a las madres parturientas cayó muy por debajo de la registrada en el ala que había servido como “testigo” del experimento. La aplicación de esta sencilla regla de higiene redujo la mortalidad en las mujeres parturientas a menos de 1%. Sin embargo, el jefe de la clínica, Johann Klein, reaccionó prohibiendo la práctica, porque se salía de la ortodoxia impuesta por la costumbre médica de la época y destituyó a Semmelweis, arruinándole su reputación, a tal grado que ni en su país logró que se impusieran las prácticas de asepsia que había recomendado para reducir el riesgo de fiebre puerperal. La frustración de Semmelweis ante las miles de muertes que nunca debieron haber ocurrido fue de tal magnitud que acabó sus días recluido en un hospital para enfermos mentales, donde murió, ignorado en su tiempo a pesar del avance que había logrado, pero conocido en nuestros días como un mártir de la ciencia. Desgraciadamente no conocemos los casos de aquellos que, a lo largo de la historia, han sufrido una suerte similar y que son desconocidos, ya que sus actores no fueron tan notables como Semmelweis.

Ningún dato, ningún experimento proveen a su autor, o a otros científicos, de verdades y certezas absolutas. Por lo general, cada dato y cada resultado de un experimento pueden ser interpretados en más de una forma. La ciencia no busca certezas absolutas, sino que acepta grados de probabilidad en la interpretación correcta de un fenómeno. Algunos cambios en la ciencia ocurren solamente por la acumulación del peso de las pruebas; en otros casos la fusión de dos o más teorías de apariencia original contrapuesta, provee el mecanismo para su avance y para la generación de nuevos conceptos. Cabe aclarar que los conceptos no son elementos exclusivos de la ciencia, pues constituyen parte esencial de cualquier acto de la creatividad humana; el arte, la filosofía y la historia, por ejemplo, requieren para producir innovaciones y progreso, del desarrollo y la mejoría de conceptos que les son propios.

Los conceptos desempeñan un papel muy importante en las ciencias biológicas, ya que los biólogos expresan usualmente sus generalizaciones en forma de conceptos más que de leyes. Por lo tanto, el progreso de la biología depende en gran medida del desarrollo de dichos conceptos o principios. ¿Cómo influyen los conceptos de un campo del conocimiento en quienes se adentran en él y cómo las personas afectan a su vez dichos conceptos? ¿Cómo incide el ambiente social y cultural en un campo del conocimiento y en quienes se esfuerzan en avanzar las fronteras de dicho campo? No creo que haya respuesta sencilla a estas interrogantes. Lo cierto es que existen corrientes opcionales, a manera de movimientos pendulares que determinan en ocasiones que los factores sociales y culturales dominen sobre un campo del conocimiento, y que en otras, un nuevo conocimiento en un campo crucial de la ciencia influya.” determinantemente en dichos factores. ”

Hay quienes conjeturan que el desinterés por los descubrimientos irrefutables de Semmelweis se agravó por dos causas: morían mujeres, en cumplimiento de la orden de parir con dolor o más, y los médicos consideraban ofensivo la insinuación de que eran sucios..

Borges, anatomía de su “ultra” y sueltos

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , , , on 1 febrero, 2012 by Claudia Gilman

“ANATOMIA DE MI  VLTRA”

La estética es el andamiaje de los argumentos edificados a posteriori para legitimar los juicios que hace nuestra intuición sobre las manifestaciones de arte. Esto, en lo referente al crítico. En lo que atañe a los artistas, el caso cambia. Puede asumir todas las formas entre aquellos dos polos antagónicos de la mentalidad, que son el polo impresionista y el polo expresionista. En el primero, el individuo se abandona al ambiente; en el segundo el ambiente es el instrumento del individuo. De paso, es curioso constatar que los escritores autobiográficos, los que más alarde e hacen de su individualidad recia, son el fondo los más sujetos a las realidades tangibles. (Verbigracia, Baroja). Sólo hay, pues, dos estéticas: la estética pasiva de los espejos  y la estética activa de los prismas. Ambas pueden existir juntas. Así, en la actual renovación literaria –especialmente expresionista–  el futurismo, con la exaltacionde la objetividad  cinética de nuestro siglo,  representa la tendencia pasiva, mansa, de sumisión al medio…
Ya cimentadas esas bases, enunciaré las intenciones de mis esfuerzos líricos. Yo busco en ellos la sensación en sí, y no la descripción de las premisas espaciales o temporales que la rodean. Siempre ha sido costumbre de los poetas ejecutar una reversión del proceso emotivo que se había operado en su conciencia; volver de la emoción a la sensación, y de ésta a los que la causaron Yo –y nótese bien que hablo de intentos y no de realizaciones colmadas – anhelo un arte que traduzca la emoción desnuda, depurada de los adicionales datos que la preceden. Un arte que rehuyese lo dérmico, lo metafísico y los últimos planos egocéntricos o mordaces. Para esto –como para toda poesía—hay dos imprescindibles medios: el ritmo y la metáfora. El elemento acústico y el elemento luminoso.
El ritmo: no encarcelado en los pentagramas de la métrica, sino ondulante, suelto, redimido. bruscamente truncado.
La metáfora, esa curva verbal  que traza casi siempre entre dos puntos –espirituales—el camino más breve.

JORGE= LUIS BORGES

Ultra, Año I, Número 11, Madrid, 20 de mayo de 1921.

(Sobrantes de abono… )

Reflexión primera

Poco tiempo le duró el ultraísmo…  Ya lo había despedido en sus primeros libros de poemas; llevan la etiqueta ultraísta por inercia y no por gran familiaridad con los escritos y publicados bajo el efecto anatómico de ese ultra proclamado en 1921. Por más avanzado que un vanguardista esté en la fila, no deja de andar en formación. Es mejor ser, como Breton, el dueño del castillo y establecer derechos de aduana y residencia. ¿Para qué tener anatomía propia si en la trinchera colectiva un cuerpo vale lo mismo que otro? Borges tuvo la habilidad artística y la suerte de poder insertarse en un mundo familiar totalmente excepcional: padres, amigos mayores, contemporáneos, locales y extranjeros, primos, cuñados, hermanos, personas con poder y recursos que admiraban el poder y los recursos de Borges, que no eran pocos, si se decidía a utilizarlos en contra de alguien. Cuarto propio, anatomía propia, inteligencia propia y naipes propios y marcados y una cultura muy superior a la de sus coetáneos y sus sucesores. Conocía, no sólo el presente: ¿alguien más leyó, como Borges, su pasado y presente inmediatos, en todos sus legados: Lugones, Darío, Unamuno, Groussac, Hidalgo, Ascasubi, Lussich, Hernández, Ipuche, Melián Lafinur, Gerchunoff, Silva Valdés, Güiraldes, Macedonio Fernández, Evaristo Carriego, Almafuerte, los de España, los del Plata, los de todas partes?
En lugar de ser un moderno del montón, amparándose en la inocente ignorancia de la cultura del pasado, que, después de todo, si nos guiamos por Baudelaire, es nada menos que la mitad del arte, Borges se ha convertido en precursor de sí mismo y de la vaga indolencia a que responde la palabra  “posmoderno”. Como nadie puede definirse con términos que desconocía en su momento, menos podría avenirse a la adición de una partícula que lo designa como sucesor de lo que fue. Si moderno no se le aplica a Borges, no se le aplica a nadie. Borges es, en cuanto a tradición estrictamente modernista como Joyce.  Y recordemos que un agudo crítico como Edmund Wilson, atribuía la novedad de Joyce al legado simbolista. De modo que uno nunca es lo que va a ser ni lo que fue: habrá que acostumbrarse a ese problema metodológico. Baudelaire sería, también, un precursor de la posmodernidad: nos arrastra de las Academias al presente y seguimos sin poder habitar la Edad Contemporánea. Borges también fue sensible a los valores que la “alta cultura” desprecia: sus relatos han merecido el calificativo de policiales o fantásticos, cuando casi ninguno sigue realmente las normas de esos géneros. ¿Qué hay de fantástico o de policial en Pierre Menard, autor del Quijote? ¿Qué violenta la lógica del género? ¿No saber quién era Menard, ni de qué murió? ¿Cuál es el enigma? ¿En qué reside lo fantástico de esa “necrológica”?  El proyecto de Menard, nos lo ha dicho Borges varias veces, no tiene nada que no haya estado presente en la historia del Corán. El misterio lo guarda ese narrador que se recluye en un cuarto cerrado para inventariar los objetos del muerto, al tiempo que lo evoca para un círculo selecto de amigos, conocidos y rivales.
Borges se explayó lo suficiente sobre el tema de los precursores: Lutero anunciaría el relativismo si ligeramente se elevara a libertad de interpretación la libertad de lectura. ¿Libre para leer en letras de un idioma que comprendo o libre para interpretar y difundir mi libre imaginación con apoyo casi liberado de la letra de esas escrituras que me estaban por completo vedadas y que me llegaban transformadas en sonidos, prescripciones, órdenes y representaciones temibles sobre la relación entre mis acciones y mi futuro al punto de contribuir como consumidor al crecimiento del mercado de futuros que generaban los vendedores de bulas y reliquias? La eternidad, de todos modos, apenas haría mella en la efímera “libertad” de mi existencia finita. La gracia divina ejercía mayores rigores y era pensada como un regalo arbitrario e incierto. Recién ante las puertas de ese juicio sabría uno si pertenecía a los elegidos o a los condenados. Precio alto de la libertad, menos oneroso que el impuesto a los herejes terrenales por los custodios de la correcta vía. Juana, te han santificado. Galileo, finalmente te dieron la razón de manera formal. Ignoro si esos cambios de humor mundanos mueven a las almas en los paraísos eternos, que no existen, según se ha promulgado recientemente. Los personajes de Dante tienen graves problemas de vivienda en estos días.

Reflexión segunda

Otra cuestión que Borges insiste en mostrar pero que los lectores se empeñan en ignorar por eso de hacerlo tan moderno como sea posible, es que el escritor “argentino” se acomoda en domicilio rioplatense y gaúcho. El privilegio que se le ha reconocido a la Banda Oriental, Provincia Cisplatina o República Oriental del Uruguay, que es el de ser sede de la novela nativista es rechazado por quienes podrían ostentar los títulos: prefieren dejar todo mostrenco en aras de ejercer la crítica. Ricardo Rojas no encuentra novelas en América y su búsqueda comienza, lo admite, en el siglo XVI. No sé qué pensaría Miguel de Cervantes Saavedra, que hace figurar en la biblioteca del caballero e ingenioso hidalgo Don Quijote obras de exótica épica extranjerísima ( ¿?¿ ?,?) para él, como La araucana. Y, que, después de todo, publica la primera obra del género en 1605, en manuscrito no identificable y ediciones en las que han puesto su mano unos cuantos después, como ha sucedido con muchos otros “libros”, de los que tanto se ocupa precisamente Borges cuando señala la relación entre traducción y autoría para Las mil y una noches, en la que se incluyen historias y relatos de los propios “traductores”. Ni qué hablar de otros “libros” famosos, que ni siquiera eran libros preexistentes cuando se pusieron por escrito, como la Ilíada y la Odisea, para usar los ejemplos borgeanos. Y eso hará Borges también: tratar de incluirse en la cadena de autores, traductores, socios literarios, amigos y versionistas que nos han alcanzado obras que consideramos como si siempre hubieran sido objetos para anaquel de biblioteca.
Tanto se nos escapa interpretando que olvidamos recordar las tradiciones letradas y políticas locales: Borges insiste en mencionar la hispanidad de Séneca y Lucano. El quién es quién que Gutiérrez se esmera en dejar asentado nos recuerda que el Coronel Francisco Borges nació en Montevideo y que murió luchando del lado de “las fuerzas de la revolución” encabezada por el general  Bartolomé Mitre, en 1874. Tanto a Borges como a Herrera y Reissig (imaginar qué pensaría el precursor Artigas es todavía más inquietante) les resulta extraño decir “uruguayo” en lugar de “oriental”.

Una aclaración se impone: la patria no debe confundirse con la nación, como bien lo sabía Virgilio cuando dio estatuto de héroe romano a Eneas. El pasado está en la patria, allí donde entierra uno a sus muertos: la nación es un futuro posible, no necesario y se funda sobre los lares y penates previamente rescatados en las derrotas y nómades hasta que encuentra un pueblo sitio donde asentarse. Y las letras nacionales están claramente escritas en códigos y constituciones. El problema no es unir sino separar, como se verifica en las rivalidades fronterizas y las guerras por cuestiones limítrofes que enfrentaron o estuvieron a punto de enfrentar a los “hermanos latinoamericanos” (para usar una denominación problemática, como todas las existentes). La ley domicilia: define la persona y la obliga a darse un espacio para ser notificada. El que no tiene domicilio es un vago y carece de los derechos de ciudadanía. La identificación no es derecho sino una imposición: en el pasado se requería pasaporte para circular entre provincias. Es frecuente olvidar los aspectos materiales de las cosas y pasar a las zonas especulativas. Mientras tanto, nada parece tan normal como presentar documentación, votar representantes, etc. etc. mientras se critica la idea del estado nación, cuya existencia, de hecho, no es ni explicativa de fenómenos que exceden su incumbencia ni debiera serlo.

Borges se llamaba también la madre brasileña de Juan Carlos Onetti, nacido en Uruguay y convencido de que la tradición literaria local seguía siendo el vacío: los campos y el ganado cimarrón. Borges y colegas rivalizaron en terrenos no sólo locales, con lo que muchas disputas intensas asordinaban sus ecos y se hacían invisibles al llegar a los arrabales. Quede, para la historia de la infamia, un recuerdo de Borges. La disputa entre Maestros y Apóstoles locales que tuvo como protagonistas a Santos Chocano, Vasconcelos y Lugones y víctima fatal al muy poco recordado Edwin Elmore.

Poema ultraísta de Jorge Luis Borges: “SIESTA”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , on 1 febrero, 2012 by Claudia Gilman

SIESTA

Muchedumbres de sol
    bloquean la casa
y el tiempo acobardado se remansa
detrás de las persianas
    verdes como cañaverales
Margenándolo todo
      hallamos nuestro cuerpo
   como una misma acotación inútil
hasta que las campanas rebosantes
            vierten la tarde
y se arrodilla el humillado cielo
y nos vestimos de previstos paisajes

JORGE-LUIS BORGES

Ultra, revista internacional de vanguardia, Año II, Número 24 Madrid, 15 de marzo 1922

Josefa Amar y Borbón ante una puerta y preguntando qué ley la cierra

Posted in Esto es todo, amigos with tags , , , on 29 enero, 2012 by Claudia Gilman

“Discurso en defensa del talento de las mugeres, y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres.” (Fragmento)

1° Quando Dios entregó el mundo a las disputas de los hombres, previó, que habría infinitos puntos, sobre los quales se altercaría siempre, sin llegar a convenirse nunca. Uno de estos parece que había de ser el entendimiento de las mugeres. Por una parte los hombres buscan su aprobación, les rinden unos obsequios, que nunca se hacen entre sí; no las permiten el mando en lo público, y se le conceden absoluto en secreto; las niegan la instrucción, y después se quexan de que no la tienen: Digo las niegan, porque no hay un establecimiento público destinado para la instrucción de las mugeres, ni premio alguno que las aliente a esta empresa. Por otra parte las atribuyen casi todos los daños que suceden. Si los Héroes enflaquecen su valor, si la ignorancia reyna en el trato común de las gentes, si las costumbres se han corrompido, si el luxo y la profusión arruinan las familias, de todos estos daños son causa las mugeres, según se grita. Estas mismas tampoco están de acuerdo sobre su verdadera utilidad. Apetecen el obsequio y el incienso; están acostumbradas de largo tiempo a uno y a otro; pero no procuran hacerlo más sólido, mereciéndolo de veras, como sucedería, si a las gracias exteriores, y pasageras, que ahora cultivan, uniesen las intrínsecas y duraderas.

2° A la verdad, tanto los aplausos, y obsequios de los hombres, quanto los cargos que atribuyen a las mugeres, son una tácita confesión del entendimiento de éstas; porque de otra suerte no buscarían su aprobación, y agrado, ni las supondrían de ocasionar ningún trastorno. La influencia buena o mala de un agente en otro, incluye necesariamente virtud, y potencia en el que hace esta variación: una causa más débil, no puede mudar, ni atraer a sí la más fuerte. Con que si los vicios de las mugeres tienen tanto imperio sobre los hombres, convengamos en la igualdad física, sin negar por esto las excepciones que convienen a cada sexo.

3° Pero sin embargo de unas suposiciones tan justas, parece que todavía se disputa, sobre el talento, y capacidad de las mugeres, como se haría sobre un fenómeno nuevamente descubierto en la naturaleza, o un problema, difícil de resolver. ¿Mas qué fenómeno puede ser éste, si la muger es tan antigua como el hombre, y ambos cuentan tantos millares de años de existencia sobre la tierra? ¿Ni qué problema después de tantas y tan singulares pruebas, como han dado las mismas mugeres de su idoneidad para todo? ¿Cómo es posible que se oygan nuevas impugnaciones sobre esta verdad? Pues ello es cierto, que se oyen, y que son de tal naturaleza, que no debemos desentendernos de ellas, porque acreditan, que no está aun decidida la questión.

4° No contentos los hombres con haberse reservado, los empleos, las honras, las utilidades, en una palabra, todo lo que pueden animar su aplicación y desvelo, han despojado a las mugeres hasta de la complacencia que resulta de tener un entendimiento ilustrado. Nacen, y se crían en la ignorancia absoluta: aquéllos las desprecian por esta causa, ellas llegan a persuadirse que no son capaces de otra cosa y como si tubieran el talento en las manos, no cultivan otras habilidades que las que pueden desempeñar con estas. ¡Tánto arrastra la opinión en todas materias! Si como ésta da el principal valor en todas las mugeres a la hermosura, y el donaire, le diese a la discreción, presto las veríamos tan solícitas por adquirirla, como ahora lo están por parecer hermosas, y amables. Rectifiquen los hombres primero su estimación, es decir, aprecien las prendas, que lo merecen verdaderamente, y no duden que se reformarán los vicios de que se quexan. Entretanto no se haga causa a las mugeres, que sólo cuidan de adornar el cuerpo, porque ven que éste es el idolillo, a que ellos dedican sus inciensos.

5° ¿Pero cómo se ha de esperar una mutación tan necesaria, si los mismos hombres tratan con tanta desigualdad a las mugeres? En una parte del mundo son esclavas, en la otra dependientes. Tratemos de las primeras. ¿Qué progresos podrán hacer estando rodeadas de tiranos, en lugar de compañeros? En tal estado les conviene una total ignorancia, para hacer menos pesadas sus cadenas. Si pudieran desear alguna cosa, o hacer algún esfuerzo, debería ser para que se instruyesen, y civilizasen aquellos hombres, esperando que el uso de la razón rompería los grillos, que mantiene ahora la ignorancia. La ruina de ésta, produciría la de aquella esclavitud. ¿Mas cómo compondremos el desprecio que hacen de las mugeres, éstos, que las tienen como esclavas, con la solicitud que ponen en adquirir el mayor número que pueden mantener, y con el cuidado que les cuesta el agradarlas? ¿Por qué las deshechó Mahoma del paraíso, que promete a los suyos? ¿No es esto semejarlas a los brutos, que perecen, o se extinguen con la vida? Pero si tales delirios no merecen refutación, porque sería honrarlos demasiado, menos podrán citarlos nuestros contrarios, para deducir de la esclavitud en que gimen ciertas mugeres, la inferioridad de su talento. Si valiera este argumento, también se pudiera convertir contra los mismos hombres, porque entre ellos, hay unos esclavos de los otros, y no diremos por eso, que los primeros son casi irracionales. Diremos, si, que la fuerza, destruye la igualdad, y borra la semejanza de unos a otros. De poco servirá que la aptitud sea la misma en el esclavo, que en su Señor, si la opresión en que está, le impide usar de su derecho, y de su razón. Pónganse los dos en un perfecto nivel, y entonces se podrá hacer juicio recto. La violencia no puede establecer leyes universales: así sujétense en hora buena las mugeres que han nacido, y se han criado en el país de la tiranía, y de la ignorancia; la necesidad las obliga a ello por ahora, pero no pretendan degradar al sexo en general.

Edición de Carmen Chaves Tesser (basada en la versión publicada en Memorial Literario VIII, No. 32 [Agosto de 1876]: 400-430), publicada en Dieciocho 3.2 (1980): 144-159.

En fin, mujer, ya te permitirán educarte: hacen falta lectoras….  Serás una de ellas, inmortalizada en la pintura. Y te beneficiarás del “photoshop” humano.