Archivo para Edgar Allan Poe

La canción de las cartas: whist

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , on 2 diciembre, 2011 by Claudia Gilman

Whist Rules

The classic game of whist is a plain-trick game without bidding for 4 players in fixed partnerships. Although the rules are extremely simple there is enormous scope for scientific play, and in its heyday a large amount of literature about how to play whist was written.

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Receta para hacer soledades: Soledades de Antonio Machado

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , , on 2 diciembre, 2011 by Claudia Gilman

Duelistas

Y ahora no es Francisco de Quevedo aunque seguramente debe haber algún enemigo.  De las primeras notas que integrarían los primeros tres libros que Borges decidió no volver a publicar pero que incluyó entonces de sus desperdigadas fuentes (revistas, diarios, esas hilachas que precedían a los libros antes de los libros masivos), queda una interesante reflexión sobre el odio literario: Quevedo y Góngora siempre son mencionados pero en esta ocasión, Borges reflexiona sobre la constante e impiadosa rivalidad entre literatos tomando como ejemplo a Ramón Gómez de la Serna y Rafael Cansinos Assens.  En ese marco donde Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha (los tres incluso miembros del mismo partido político) fogonean recíprocos destratos y las acusaciones de plagio están a la orden del día (Huidobro versus Reverdy, Borges versus Macedonio y a nadie se le ahorra el trago amargo de una denuncia más o menos fundada) tomarse en serio la polémica Florida y Boedo es una ingenuidad. Las habas que se cuecen no están en el horno del nitrógeno ni del helio, allí donde el historiador y el crítico busca revolverlas. Entre Apóstoles y Maestros de la juventud, los letrados que todavía están más cerca de las luchas políticas y las culturas ecuestres se baten a duelo o derechamente reciben un par de disparos por un quítame esas pajas.  Santos Chocano disparó su furia contra Edwin Elmore y Mariátegui se preguntaba con gran tino si realmente existía un pensamiento hispanoamericano y llamaba, con mejor tino, a desinflar la castellanísima retórica de elogios y denuestos para pasar a tareas más constructivas que perorar a bien quién habla más alto.

Ahora, las Soledades de Machado…

Cuento policial y policías. Culpables, científicos y resentidos

Posted in Esto es todo, amigos, Peer Review with tags , , , , , , , , , on 26 octubre, 2011 by Claudia Gilman

En 1841 Edgar Allan Poe inventó el cuento policial. Cuarenta años después, en la Argentina, Juan Vucetich, desarrolló y patentó  el método dactiloscópico gracias a la primera huella digital que permitió establecer una culpabilidad en un crimen, nada menos que un filicidio. Nacido en Dalmacia, Juan Vucetich fue uno de los  muchísimos que llegaron a América en busca de vidas mejores, alentados por la política del criadero que se practicó de Norte a Sur y las duras condiciones de vida en las tierras que dejaban atrás los más de cincuenta millones de europeos que protagonizaron, entre 1800 y 1930, el fenómeno demográfico llamado Gran Emigración.  Irónicamente aunque en diverso grado, sufrieron todos:  los hijos asesinados, la culpable  Francisca Rojas, Medea bonaerense,  y el propio Vucetich, que no conoció en vida la gloria del reconocimiento al deber cumplido.

No hay un lugar particular para la periferia y el centro en el Universo. Hay quien emancipa su inteligencia y quien la embrutece. Hay Ignaz Semmelweis y hay detractores de todo.  Hay quienes producen una gran obra en mediocres arrabales sudamericanos, como Jorge Luis Borges, que además de reivindicar todas las tradiciones para la literatura argentina, ha leído autores de todas las literaturas y todas las épocas pero básicamente ha leído la literatura argentina (la rioplatense, para ser más precisos) como pocos autores argentinos. Más bien como ninguno. Hay investigadores que han obtenido incluso el Premio Nobel haciendo ciencia en la “periferia”. Hay hasta tres argentinos que han obtenido el Premio Nobel haciendo ciencia, como subraya, sorprendido, el historiador Eric Hobsbawm cuando menciona los tres galardonados argentinos: Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir, César Milstein. Hay científicos como Carlos Monge Medrano, capaces de refutar científicamente las supuestas bases científicas que justificarían la inferioridad mental y fisiológica de los pobladores de las regiones andinas, resultado,  según el fisiólogo Joseph Barcroft, por la relación entre la altura y el déficit de oxígeno.

Describe, con amargura, Vucetich, cómo, en lugar de agradecer sus esfuerzos, se topó con la “periférica” resistencia epistemológica y moral que se alzó contra sus descubrimientos e investigaciones.  Sin embargo, lo peor de esa resistencia no fue tener que obligarse, para perfeccionar su sistema,  a “erogaciones que comprometían de una manera irreparable el mezquino emolumento de que gozaba.  Lo peor fue que sentí que en torno mío se sembraban espinas; y la murmuración implacable, prohijadora de la hipócrita calumnia, infundía sospechas respecto a mí y a mis trabajos, no economizándoseme ni la colérica burla ni el petulante agravio. Máxime cuando en 1893 la Superioridad dispuso la supresión de dicho servicio por considerarlo inútil; el que fue rehabilitado pocos meses después, siendo Jefe de Policía don Francisco P. Lozano.” Siempre las mismas periféricas razones: “Cuando puse de manifiesto dice por primera vez en el mundo los errores capitales e irremediables a que podía dar y daba margen el bertillonaje, y la perfección puesta a cubierto de toda duda que ofrecía el sistema dactiloscópico, mi afirmación dió motivo para que se me tachara de temerario y arrogante, porque me atrevía a lo que antes que yo no se habían atrevido otros”. Cuenta un biógrafo cuyo nombre no aparece en el sitio web del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, que “en vez de obtener apoyo y protección para sus trabajos, a causa de la sorda hostilidad que promovían contra él sus enemigos de su acción renovadora, se le restringían hasta los materiales de la oficina. Tenía pues, que costearse los diversos y costosos libros que necesitaba para sus estudios y los materiales para los experimentos. Cuando concibió la construcción del armario casillero como base necesaria de la aplicación de su sistema, para archivar las fichas clasificadas, tuvo que adquirir de su peculio los armarios usados, en una antigua casa de modas, y hacerlos transformar en casilleros para adaptarlos al nuevo uso a que estaban destinados”.

mono con razor

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , on 29 septiembre, 2011 by Claudia Gilman

jorge luis borges: elemental, watson.

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , on 27 septiembre, 2011 by Claudia Gilman

“Propuse varias soluciones; todas, insuficientes. Las discutimos; al fin, Stepheri Albert me dijo:

»–En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida?

»Reflexioné un momento y repuse:

»–La palabra ajedrez.”

libido sciendi

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , on 25 septiembre, 2011 by Claudia Gilman

en el alma

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , , on 25 septiembre, 2011 by Claudia Gilman