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Receta para hacer soledades: Soledades de Antonio Machado

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , , on 2 diciembre, 2011 by Claudia Gilman

Duelistas

Y ahora no es Francisco de Quevedo aunque seguramente debe haber algún enemigo.  De las primeras notas que integrarían los primeros tres libros que Borges decidió no volver a publicar pero que incluyó entonces de sus desperdigadas fuentes (revistas, diarios, esas hilachas que precedían a los libros antes de los libros masivos), queda una interesante reflexión sobre el odio literario: Quevedo y Góngora siempre son mencionados pero en esta ocasión, Borges reflexiona sobre la constante e impiadosa rivalidad entre literatos tomando como ejemplo a Ramón Gómez de la Serna y Rafael Cansinos Assens.  En ese marco donde Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha (los tres incluso miembros del mismo partido político) fogonean recíprocos destratos y las acusaciones de plagio están a la orden del día (Huidobro versus Reverdy, Borges versus Macedonio y a nadie se le ahorra el trago amargo de una denuncia más o menos fundada) tomarse en serio la polémica Florida y Boedo es una ingenuidad. Las habas que se cuecen no están en el horno del nitrógeno ni del helio, allí donde el historiador y el crítico busca revolverlas. Entre Apóstoles y Maestros de la juventud, los letrados que todavía están más cerca de las luchas políticas y las culturas ecuestres se baten a duelo o derechamente reciben un par de disparos por un quítame esas pajas.  Santos Chocano disparó su furia contra Edwin Elmore y Mariátegui se preguntaba con gran tino si realmente existía un pensamiento hispanoamericano y llamaba, con mejor tino, a desinflar la castellanísima retórica de elogios y denuestos para pasar a tareas más constructivas que perorar a bien quién habla más alto.

Ahora, las Soledades de Machado…

Susanne Lange: Don Quijote von der Mancha. Una nueva traducción (III)

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , on 23 octubre, 2011 by Claudia Gilman

Susanne Lange. “Don Quijote von der Mancha: una nueva traducción.” Traducción: Joan Parra.  (Fragmentos del epílogo de Susanne Lange a su versión alemana de Don Quijote von der Mancha, publicada por la editorial Carl Hanser en el 2008.

Esta vertiente burlesca del Quijote también asoma en la literatura alemana, por ejemplo cuando Lessing afirma que la obra de Cervantes seguirá teniendo lectores mientras quede en el mundo alguien con ganas de reírse (en su comentario al Teutscher Don Quichotte [Don Quijote alemán], 1753), para a continuación anunciar su propósito de escribir un poema épico en el que Gottsched, transfigurado en Don Quijote, saltaría a la palestra para combatir la poesía de Klopstock. Por su parte, Musäus, Nicolai y Wezel se inventaron sus propios Quijotes satíricos, titulados respectivamente Grandison, der Zweite (1760–1763), Sebaldus Nothanker (1779) y Tobias Knaut (1773–1776).

La traducción de Bertuch sirvió para que los románticos alemanes trabaran conocimiento con el Quijote y descubrieran, detrás de aquel lenguaje algo tosco, una obra que resultaría decisiva para todo el período romántico. En 1741, Johann Jacob Bodmer ya había abierto una nueva perspectiva sobre el personaje de Don Quijote, en el que, en contraste con la visión ilustrada, no veía un ejemplo de fanatismo delirante que la sátira permitía poner en la picota, sino un carácter que encerraba en su seno dos almas contradictorias (Critische Betrachtungen über die poetischen Gemählde der Dichter, Zürich 1741 [Observaciones críticas sobre los retratos poéticos de los escritores]). Por entonces, la reputación de España en Europa tenía tintes negativos, a causa de la Inquisición, el expansionismo agresivo de la Corona española en los siglos recientes y el trato dispensado a judíos, protestantes, moriscos e indios. En el siglo XIX adquirió carta de naturaleza la «leyenda negra», que en Alemania habían contribuido a forjar nada menos que Schiller y Goethe con su Don Carlos y su Egmont (ambos de 1787). Sin embargo, a finales del siglo XVIII Alemania redescubre la cultura española y la imagen de España empieza a cambiar. Herder, entusiasmado por la literatura popular [Volksdichtung], uno de cuyos máximos ejemplos ve en el Romancero, descubre en el Quijote una «novela popular» [Volksroman] que se nutre de la realidad y de los mitos del pueblo en cuyo seno surge. Una de las cosas que fascinan a los románticos en la obra de Cervantes es esa capacidad de crear una mitología propia, independiente de los mitos de la Antigüedad. La interpretación del Quijote como obra de arte romántica se debe principalmente a Friedrich Schlegel. Para él, la parodia y la sátira dejan paso a la «poesía universal progresiva», en la que los géneros se entrelazan y en la que surge una «atractiva simetría de contradicciones» (Rede über die Mythologie [Discurso sobre la mitología], 1800 ). Para los románticos, la ruda comicidad se transfigura en ironía sutil, y será Schelling quien en 1802 formule en su Philosophie der Kunst [Filosofía del arte] la idea que a su entender resume el fenómeno Don Quijote: «En conjunto, el tema de la obra es la lucha de lo real contra lo ideal».

De la mano del Wilhelm Meister de Goethe (1795) y de la obra de Shakespeare, Cervantes se convierte en piedra de toque de la concepción romántica del arte. Ya no se lo ve como al moralista que retrata a un insensato, sino como a un artista que ha sabido captar los dos extremos de la naturaleza humana y fusiona lo cómico con lo trágico y la prosa con la poesía. Y precisamente los episodios intercalados en el Quijote, a los que casi nadie había prestado atención, revelan ahora la estructura en que se funda la novela, pues son el elemento que le confiere unidad y trasunto de las aventuras de Don Quijote en otro nivel de discurso.

Inicialmente, Friedrich Schlegel se había propuesto traducir él mismo el Quijote, pero acabó traspasando esa responsabilidad a Ludwig Tieck, que se puso manos a la obra en 1799. Tieck, seguramente para jactarse de su don de lenguas, afirmaba saber muy poco español y contar con la única ayuda de un pequeño diccionario y algunas traducciones francesas. Pero su dominio de la lengua de Cervantes era muy superior a lo que admitía (lo cual, todo hay que decirlo, no le privó de incurrir en frecuentes errores de comprensión), y su texto adquirió un carácter canónico no solo durante el período romántico, sino hasta bien entrado el siglo XX. Thomas Mann lo ensalza así: «No tengo palabras para explicar hasta qué punto me deleita la traducción de Tieck, ese alemán gozoso y fecundo de la era clásica-romántica, que representa la etapa más feliz de nuestra lengua».

La nueva traducción invierte la tendencia de las anteriores. El 23 de diciembre de 1797, Tieck le escribe a August Wilhelm Schlegel: «la traducción de Bertuch no es el Quijote, sino otro libro completamente distinto, que casualmente narra los mismos sucesos» y fracasa con especial rotundidad en las «dulces descripciones del amor». El Don Quijote de Tieck pierde el acento grosero y burlesco y se convierte en paladín del idealismo, envuelto en una aureola que abraza incluso a Sancho, al que Tieck, a diferencia de Bertuch, hace hablar con «gracilidad», como observa August Wilhelm Schlegel en la revista Allgemeine Literatur-Zeitung (20 de julio de 1799) en su reseña del primer volumen de la nueva traducción. Sin embargo, en el cosmos del romanticismo alemán, Sancho nunca llegará a alcanzar del todo la vivacidad que le imprime Cervantes, ya que su figura queda encorsetada en el papel de contrapeso negativo del entusiasta romántico que es Don Quijote.

La larga sombra de la traducción de Tieck, encumbrada por el apoyo programático del romanticismo literario, deja casi a oscuras a otro traductor del Quijote que tuvo la mala suerte de emprender su tarea al mismo tiempo: Dietrich Wilhelm Soltau. Treinta años mayor que Tieck, Soltau bebe todavía de las fuentes de la Ilustración y en consecuencia sigue viendo en el Quijote una obra cómica con un claro propósito moralizante. En torno a estos dos conceptos de la traducción cervantina se crearían dos bandos enfrentados con un encarnizamiento poco usual. A. W. Schlegel escribe en Athenäum que Soltau «habrá estado en España, pero en Cervantes o en la poesía no ha puesto nunca los pies». Y añade, sin pelos en la lengua: «Pero no quiero hablar más de semejante inmundicia: me parece estar oyendo al terrenal Calibán graznar las dulces melodías del aéreo Ariel».

Susanne Lange. Don Quijote von der Mancha: una nueva traducción (II)

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , , on 22 octubre, 2011 by Claudia Gilman

Don Quijote von der mancha: una nueva traducción
Susanne Lange
Traducción: Joan Parra
(Fragmentos del epílogo de Susanne Lange a su versión alemana de Don Quijote von der Mancha, publicada por la editorial Carl Hanser en el 2008.

En 1622 apareció la traducción italiana de Lorenzo Francosini. Por entonces ya estaba anunciada la primera versión alemana, a cargo de Joachim Caesar, pero las turbulencias de la guerra de los Treinta Años impidieron que se publicara antes de 1648. Las circunstancias privaron también a Caesar de avanzar más allá de los 23 primeros capítulos, con lo que la obra quedaba reducida al formato de novela corta que al parecer Cervantes había previsto en primera instancia. Este traductor, natural de Halle (Sajonia), ya había vertido al latín en 1622 el Examen de ingenios de Juan Huarte, una descripción de la teoría de los temperamentos y su influencia en la formación del intelecto, a la que posiblemente recurrió Cervantes para los estudios caracterológicos de sus personajes. La traducción del Don Quijote la publicó bajo el seudónimo Pahsch Basteln von der Sohle (seudónimo inspirado en «Don Quijote de la Mancha») bajo el título Don Kichote de la Mantzscha, Das ist: Juncker Harnisch auß Fleckenland.(1) El título revela la estrategia adoptada por el traductor, que, a diferencia de la mayoría de sus sucesores, expone su programa en el prefacio, afirmando que «toda traducción correcta debe estar hecha como si la obra traducida hubiera sido escrita originalmente en la lengua a la que se traduce» [«daß jedwede rechtmässige Dolmetschung also beschaffen seyn solle / samb wer das Werck / so darinnen gedolmetscht wird / uhrsprüncklich in des Dolmetschen Muttersprach beschrieben»]. Con ello, Caesar se distancia explícitamente de la primera traducción francesa, a la que acusa de exceso de literalidad: «El [traductor] francés sigue las palabras a pies juntillas» [«Der Franzoß geht schnurstracks den Worten nach»]. Él, en cambio, se propone no verter palabra por palabra, sino «significado por significado y sentido por sentido» [«meinung mit meinung und verstand mit verstand»], y subraya que la traducción del español al alemán entraña una dificultad mucho mayor que en el caso del francés, debido a la gran diferencia entre las raíces de cada una de las dos lenguas. En cambio, una traducción del español al latín se le antoja empresa más liviana.

Caesar trabaja en la época de esplendor de las sociedades lingüísticas alemanas del Barroco, empeñadas en sustituir los abundantes extranjerismos por equivalentes extraídos del acervo léxico alemán, y con su traducción pretende demostrar que la lengua alemana no tiene nada que envidiar a la española. Empeñado en mostrar la riqueza del alemán, se dedica a encadenar sinónimos aún con más fruición que el propio Cervantes, y llega a pedir disculpas en el prefacio por haber usado algunos términos extranjeros para los que no ha encontrado equivalente, como Text, Poet o Capitel. Sustituye Autor por la forma germanizante Schrifttichter, y califica al Quijote como Narrwerck, a su entender el mejor equivalente alemán de «sátira», género en el que encuadra la obra. Traduce incluso los nombres propios, y por ejemplo reemplaza «Quijote» por Harnisch (ya que al parecer la traducción literal Beinscheide (2) no le parece suficientemente literaria), y en el caso de Sancho Panza recurre a Pantschmann (o liebes Pantschmännlin), Großbauch o Großpantsch,(3) un título que sin duda habría agradado a Sancho. Y va aún más lejos cuando decide, contra el buen sentido etimológico, traducir la Mancha por Fleckenland [“tierra de las manchas”]. Sin embargo, su traducción resulta muy enriquecedora gracias al constante juego con las palabras y los neologismos, muy propio del Barroco y también muy caro a Cervantes, en el que los traductores posteriores han sido más reticentes a entrar. También es decisiva la proximidad temporal al Quijote original: la lengua de Caesar todavía está en la estela del Siglo de Oro español, los libros de caballerías y derogleichen Schlachtenbüchern [«semejantes libros de batallas»], como él los denomina.

El carácter innovador del trabajo de Caesar se aprecia claramente si se tiene en cuenta que la primera gramática hispano-alemana tardaría todavía algunas décadas en publicarse (Viena, 1670). Por entonces, la intelectualidad alemana desconoce todavía la literatura española. En 1682, el poeta barroco Harsdörffer vierte en forma de anécdotas abreviadas las Novelas Ejemplares de Cervantes, y en 1707 se traduce de la versión francesa de Lesage la segunda parte apócrifa de Avellaneda. En general puede afirmarse que en el siglo XVIII la recepción del Quijote en Alemania se solapa por completo con el aspecto que Avellaneda había subrayado en su segunda parte: el hidalgo como loco de atar y el escudero como aldeano vulgar e ingenuo. En 1734 aparecerán, de nuevo a través del francés, dos nuevas traducciones anónimas del Quijote en Basilea y Leipzig. El autor de la última confiesa abiertamente en el prólogo su intención de realizar una traducción libre, es decir, «expresar de manera clara y sin embarazos los pensamientos del autor», algo que le parece ineludible para poder mantener la amenidad de esta clase de libros. Coincide en esto plenamente con David Fassmann, que publica, también en 1734, una recreación libre del Quijote reducida a una serie de historias cómicas que dos amigos se narran y comentan, con la intención, declarada en el prólogo, de «extraer la sustancia» del original y «dejar fuera la cáscara, para que todo resulte más grato». En consonancia con ello, su versión lleva por título Angenehmes Passe-Tems, Durch welches zwey Freunde einander mit nützlichen und lustigen Discursen vergnügen [«Pasatiempo agradable con el que dos amigos se divierten el uno al otro por medio de discursos provechosos y amenos»].

No es de extrañar, pues, que la primera traducción alemana pretendidamente completa realizada directamente desde el español (1775–1778) incluya sin ningún empacho la continuación de Avellaneda como parte integrante de la novela. Su autor es Friedrich Justin Bertuch (1747–1822), editor y publicista, que aprendió español expresamente para esta empresa y estuvo a punto de perder por completo la visión del ojo derecho por culpa de las noches en vela que le consagró. En recompensa a tamaño esfuerzo, su versión obtuvo un éxito tan enorme que los beneficios le permitieron comprarse una casa de campo. Pero en realidad este Quijote del Siglo de las Luces dista mucho de ser completo. Bertuch omite los episodios intercalados, resume frases, acorta epígrafes de capítulos y a medida que avanza el texto va tomándose cada vez más libertades, añadiendo fragmentos de su cosecha y eliminando todo aquello que a su entender no encaja con el carácter de la lengua alemana. Su traducción pone el énfasis ante todo en el aspecto cómico y soez, hasta el punto que Don Quijote parece estar cortado por el mismo patrón que Sancho. Bertuch suele acompañar los juegos de palabras de Cervantes con la anotación: «Estos pasajes son intraducibles».

Susanne Lange. Don Quijote von der Mancha: una nueva traducción (I)

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , on 22 octubre, 2011 by Claudia Gilman

Don Quijote von der mancha: una nueva traducción
Susanne Lange
Traducción: Joan Parra
(Fragmentos del epílogo de Susanne Lange a su versión alemana de Don Quijote von der Mancha, publicada por la editorial Carl Hanser en el 2008.

“En su prólogo de la primera parte del Quijote, Cervantes dice al lector: «lector carísimo (…) tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado (…) y, así puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere». Muchas han sido las opiniones sobre la historia de Don Quijote y no podrían ser más diversas. Y, en efecto, las tendencias de diferentes épocas y naciones se han reflejado a menudo en las opiniones acerca de la novela de Cervantes. Pero ¿cuál era la faz que veían sus contemporáneos? Los lectores de su tiempo interpretaron el Quijote al pie de la letra y no vieron en él otra cosa que una parodia de los libros de caballerías. Lo único que interesaba a los lectores de la obra eran las desventuras de sus caricaturescos personajes, que les hacían reír a carcajadas. El mismo Quijote nos permite hacernos una idea de esa impresión cómica a partir del momento en que ya ha introducido a sus propios lectores en la trama. El duque y la duquesa, lectores entusiastas de la primera parte, se ríen en la segunda a costa del héroe chamuscado tras la explosión de Clavileño y atacado por el gato que se le agarra con uñas y dientes a las narices. Pero el sentido del humor ha ido evolucionando a lo largo de los siglos. Nietzsche, por ejemplo, era incapaz de encontrar nada divertido en semejantes tormentos: «Pongamos por caso la estancia de Don Quijote en la corte de la duquesa», escribe en La genealogía de la moral, II, 7. «Hoy leemos todo el Quijote con un regusto amargo en el paladar, casi con dolor, cosa que al autor y a sus contemporáneos les parecería realmente extraña e incomprensible, ya que a ellos les parecía el libro más hilarante del mundo, y se morían de risa leyéndolo, con la conciencia bien tranquila.»
En el siglo XVIII, el Quijote despertó más interés en otras naciones que en los propios españoles, a quienes aparentemente transmitía una imagen negativa de su país. Los pioneros de la recepción internacional del Quijote fueron los ingleses. Ya en 1612 apareció la traducción de la primera parte por Thomas Shelton, que afirmaba haberla realizado en cuarenta días en 1607. Los ingleses volverían a avanzarse más tarde, ya que la primera biografía de Cervantes fue escrita por Gregorio Mayans en Inglaterra (1738), y allí apareció también la primera edición española comentada de la obra (1781). Al igual que los españoles, los ingleses empezaron leyendo el Quijote ante todo como sátira, y en sus traducciones, sea la de Shelton, la de John Philips (1687), la de Peter Motteux (1701) o la de Tobias Smollett (1755, basada en una versión anterior, más seria pero excesivamente artificiosa, publicada en 1742 por Charles Jarvis) abunda el humor de sal gruesa. John Philips llega al extremo de hacer que Don Quijote olvide a su Dulcinea y se enamore de la pastora Marcela. John Ormsby, que presentará su propia traducción del Quijote en 1885, califica la versión de Philips de travesty y no tiene palabras mucho mejores para la de Motteux: «un libro cómico que siempre quiere hacerse más cómico aun». También la traducción de Smollett es extremadamente imprecisa, pero al menos intenta plasmar la vivacidad del estilo cervantino, hasta el punto que llega a impregnar la obra del propio Smollett. En general, la novela de Cervantes halla terreno fértil en la literatura inglesa. Se admite comúnmente que Shakespeare utilizó el episodio de Cardenio, de la primera parte del Quijote, como asunto de un drama que luego se perdió. Con la History of the Adventures of Joseph Andrews and of His Friend Mr. Abraham, provista del subtítulo: «A la manera de Cervantes, el autor del Quijote», Henry Fielding logra en 1742 una interpretación del humor cervantino más profunda que las de las versiones anteriores, sensibles solo al aspecto satírico. En el Tristram Shandy (1759–69), Laurence Sterne retoma y profundiza el juego de Cervantes con la estructura de la novela y hace a Yorick citar en el lecho de muerte nada menos que a Sancho Panza. Por último, el Quijote arroja también su sombra, a través de Dickens, sobre Mr. Pickwick y su fiel Samuel Weller en Los papeles póstumos del club Pickwick (1836).
En 1614, César Oudin presentará la primera traducción francesa del Quijote (seguida en 1618 por la Segunda parte, a cargo de François Rosset), que se caracteriza por su exactitud, pero peca de excesiva literalidad. Las siguientes generaciones de traductores, en cambio, avanzarán en la dirección opuesta a Oudin, al dictado del gusto de la época; por ejemplo, en 1677 Filleau de Saint-Martin pasa por alto el rechazo categórico de Cervantes a cualquier clase de continuación, y al final de la novela hace sanar a Alonso Quijano para que pueda emprender nuevas aventuras. El texto de Filleau servirá de inspiración a los traductores cervantinos alemanes de los siglos XVIII y XIX. También Jean-Pierre de Florian, sobrino de Voltaire, publicará hacia 1790 una versión muy libre del Quijote. Para hacerse una idea del interés que despertaba la obra de Cervantes en Francia, basta con echar un vistazo a la Aprobación del Licenciado Márquez Torres que precede a la Segunda parte, en la que el censor relata el fervor con que los miembros de una delegación de la embajada francesa se deshacen en elogios sobre La Galatea y las Novelas ejemplares y se maravillan de que Cervantes no fuera en España un hombre «muy rico y sustentado del erario público».

Jorge Luis Borges. Las versiones homéricas y los “libros” famosos.

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , , , , on 5 octubre, 2011 by Claudia Gilman

Comentarios a un fragmento de Jorge Luis Borges, “Las versiones homéricas”, Discusión.

“Con los libros famosos, (1 ) la primera vez ya es segunda, puesto que los abordamos sabiéndolos. La precavida frase común de releer a los clásicos (2) resulta de inocente veracidad. Ya no sé si el informe (3) : En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme 4) no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, es bueno para una divinidad, imparcial; sé únicamente que toda modificación es sacrílega y que no puedo concebir otra iniciación del Quijote . Cervantes, creo, prescindió de esa leve superstición, y tal vez no hubiera identificado ese párrafo (5). Yo, en cambio, no podré sino repudiar cualquier divergencia. El Quijote, debido a mi ejercicio congénito del español, es un monumento uniforme, sin otras variaciones que las deparadas por el editor, el encuadernador y el cajista; la Odisea, gracias a mi oportuno desconocimiento del griego, es una librería internacional de obras en prosa y verso, desde los pareados de Chapman hasta la Authorized Versión de Andrew Lang o el drama clásico francés de Bérard o la saga vigorosa de Morris o la irónica novela burguesa de Samuel Butler (6)”.

  • NOTAS

  • (1) libros famosos: obviedad sólo en apariencia, Borges sabe perfectamente que la Odisea y la Ilíada no son “libros”. Pero el lector no se da cuenta y los ordena en el estante como si eso que está encuadernado hubiera sido enviado a la imprenta por el inexistente autor que llamamos Homero.

  • (2) la precavida frase común: no es, por supuesto, la de Borges, que no tiene nada en común con lo común y menos con lo “precavido”. Jamás diría “releer a los clásicos”, un comentario que podría proferir cualquier Bibiloni de Bullrich o parvenu de la cultura.

  • (3) el informe: bastante irónico llamar “informe” a esa obra que renueva por completo la literatura europea y que habla de libros que hace un siglo que ya no existen para cuando el personaje de Quijote los “actúa” pero que son conocidísimos de sus lectores, aunque nosotros no hayamos leído ni uno.

  • (4) en algún lugar de la Mancha: frase complejísima que llamó la atención de Borges desde siempre, al punto que a elucidarla dedicó un largo artículo intitulado “Indagación de la palabra” en el que se interroga cómo comprende un lector la sintaxis de la frase escrita y se sorprende de que doce “ideas” de lugar culminen en “manchego”, siendo que primero hay: a) “en”, b) “un”, c) “lugar”, d) “de” y así siguiendo, que por otra parte es un lugar “de cuyo nombre”, explícitamente, el narrador dirá que no quiere acordarse. Borges refiere incontables veces la frase en diversas versiones.

  • (5) tal vez no hubiera identificado ese párrafo: la crítica cervantina  informa que no hay ninguna noticia directa sobre el autógrafo de ese “informe” y que el manuscrito sobre el que se trabajó (no se sabe ni quiénes ni cuántos) no era ni uniforme ni claro. El de 1605 contiene páginas escritas en épocas diversas que incluso pueden haber tenido vida “independiente”, difícil de interpretar para los que estaban a cargo de vertirlo en papel, que venía saturado de erratas,  que hubo una “segunda” edición también de 1605 desautorizada por Cervantes, que el Quijote conoce avatares editoriales vastos, ricos e irregulares y que incluso el nombre propio del autor estuvo sujeto a sacrílegas modificaciones, puesto que convivían Cerbantes, con Ceruantes o Cervantes. Borges lo sabe y no es un dislate insinuar que tal vez Cervantes no escribió lo que consideramos su “original” inmodificable y que pese a que las repudie, todo el texto es pura divergencia.

  • (6) variaciones deparadas por el cajista: que son bien pocas comparadas con el natural  modo variable de tantísimas escrituras en las que ni siquiera hubo manuscritos, de modo que fueron variables por definición, excepto el Corán que, como Borges sugiere passim, se presupone incorruptible e idéntico desde que fuera “compuesto” por Mahoma, sin traducirlo, sin copiarlo y sin escribirlo, a partir de la versión del Arcángel Gabriel, cosa que hicieron también, sin copiarlo, sin escribirlo y sin traducirlo, quienes lo pusieron por escrito.  Un lector común de un libro común como la Biblia tal vez haya tenido oportunidad de chequear la disparidad de las versiones, incluso dentro de una misma lengua.

Maude N. Mc’ Gill (Ph.D)

cervantinas: juan moreira, primo del Quijote

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , on 3 octubre, 2011 by Claudia Gilman

EVARISTO CARRIEGO

Por el alma de Don Quijote

Con el más reposado y humilde continente,

de contrición sincera, suave, discretamente,
por no incurrir en burlas de ingeniosos normales,
sin risueños enojos ni actitudes teatrales
de cómico rebelde, que, cenando en comparsa,
ensaya el llanto trágico que llorará en la farsa,
dedico estos sermones, porque sí, porque quiero,
al único, al Supremo Famoso Caballero,
a quien pido que siempre me tenga de su mano,
al santo de los santos Don Alonso Quijano
que ahora está en la Gloria, y a la diestra del Bueno:
su dulcísimo hermano Jesús el Nazareno,
con las desilusiones de sus caballerías
renegando de todas nuestras bellaquerías.

Pero me estoy temiendo que venga algún chistoso
con sátiras amables de burlador donoso,
o con mordacidades de socarrón hiriente,
y descubra, tan grave como irónicamente,
a la sandez de Sancho se la llama ironía,
que mi amor al Maestro se convierte en manía.
Porque así van las cosas, la más simple creencia
requiere el visto bueno y el favor de la Ciencia:
si a ella no se acoge no prospera y, acaso,
su propio nombre pierde para tornarse caso.
Y no vale la pena (No es un pretexto fútil
con el cual se pretenda rechazar algo útil)
de que se tome en serio lo vago, lo ilusorio,
los credos que no tengan olor a sanatorio.
Las frases de anfiteatro, son estigmas y motes
propicios a las razas de Cristos y Quijotes
no son muchos los dignos de sufrir el desprecio,
del aplauso tonante del abdomen del necio
en estos bravos tiempos en que los hospitales
de la higiénica moda dan sueros doctorales
Sapientes catedráticos, hasta los sacamuelas
consagran infalibles cenáculos y escuelas
de graves profesores, en cuyos diccionarios
no han de leer sus sueños los pobres visionarios
¡De los dos grandes locos se ha cansado la gente:
así, santo Maestro, yo he visto al reluciente
rucio de tu escudero pasar enalbardado,
llevando los despojos que hubiste conquistado,
en tanto que en pelota, y nada rozagante,
anda aún sin jinete tu triste Rocinante!

(Maestro, ¡Si supieras!, Desde que nos dejaste,
llevándote a la Gloria la adarga que embrazaste,
andan las nuestras cosas a las mil maravillas:
todas tan acertadas que no oso describillas.
Hoy, prima el buen sentido. La honra de tu lanza
no pesa en las alforjas del grande Sancho Panza.
Tus más fieles devotos se han metido a venteros
y cuidan de que nadie les horade los cueros.
Pero, aguarda, que, cuando se resuelva a decillo,
ya verás qué lindezas te contará Andresillo,
aunque hay alguna mala nueva, desde hace poco:
aquel que también tuvo sus ribetes de loco,
tu primo de estas tierras indianas y bravías,
¡Lástima de lo añejo de tus caballerías!
Tu primo Juan Moreira, finalmente vencido
del vestiglo Telégrafo, para siempre ha caído,
mas sin tornarse cuerdo: tu increíble Pecado
¡Si supieras, Maestro, cómo lo hemos pagado!
¡Tu increíble Pecado! ¡Caer en la demencia
de dar en la cordura por miedo a la Conciencia!).

Para husmear en la cueva pródiga en desperdicios,
no hacen falta conquistas que imponen sacrificios:
sin mayores audacias cualquier tonto con suerte
es en estos concursos el Vencedor y el Fuerte,
pues todo está en ser duros. El camino desviado
malograría el justo premio del esforzado.
Por eso, cuando llega la tan temida hora
del gesto torturado de una reveladora
protesta de emociones, el rostro se reviste
de defensas de hielo para el beso del triste,
y porque ahogarse deben, salvando peores males,
las rudas acechanzas de las sentimentales
voces de rebeldía quijotismo inconsciente
también se fortalecen, severa, sabiamente,
los músculos traidores del corazón, lo mismo
que los del brazo, en sanas gimnasias de egoísmo,
donde el dolor rebote sin conmover la dura
unidad necesaria de la férrea armadura:
quien no supere al hierro no es del siglo, no medra.
¡Qué bella es la impasible cualidad de la piedra!

El ensueño es estéril, y las contemplaciones
suelen ser el anuncio de las resignaciones.
El ensueño es la anémica llaga de la energía,
la curva de un abdomen toda una geometría
es quizás el principio de un futuro teorema,
cuyas demostraciones no ha entrevisto el poema
En la época práctica de la lana y del cerdo
hoy, Maestro, tú mismo te llamarías cuerdo
se hallan discretamente lejos los ideales
de los perturbadores lirismos anormales.
El vientre es razonable, porque es una cabeza
que no ha querido nunca saber de otra belleza
que la de sus copiosas sensatas digestiones:
fruto de sus más lógicas fuertes cerebraciones.
Por eso, honradamente, se pesan las bondades
del genio, en la balanza de las utilidades,
y si a los soñadores profetas se fustiga
hay felicitaciones para el que echa barriga.

Y esto no tiene vuelta, pues está de por medio
la razón, aceptada, de que ya no hay remedio
Como que cuando, a veces, en el Libro obligado,
la Biblia del ambiente, de todos manoseado,
hay un gesto de hombría traducido en blasfemia,
Por asaz deslenguado lo borra la Academia

La moral se avergüenza de las imprecaciones,
de los sanos impulsos que violan las nociones
del buen decir. El pecho del mejor maldiciente
que se queme sus llagas filosóficamente,
sin mayor pesar, antes de irrumpir en verdades
que siempre tienen algo de ingenuas necedades,
porque quien viene airado, con gestos de tragedia,
a intentar gemir quejas aguando la comedia,
es cuando más un raro, soñador de utopías
que al oído de muchos suenan a letanías
Por eso, remordido pecador, yo me acuso
preciso es confesarlo de haber sido un iluso
de fórmulas e ideas que me mueven a risa,
ahora que no pienso sino en seguir, aprisa,
la reposada senda, libre de los violentos
peligros que han ungido de mirras de escarmientos
las plantas atrevidas que pisaron las rosas
puestas en el camino de las rutas gloriosas.
Pero ya estoy curado, ya no más tonterías,
que las gentes no quieren comulgar insanías

¡En el agua tranquila de las renunciaciones
se han deshecho las hostias de las revelaciones!
Ya no forjo intangibles castillos cerebrales,
de románticos símbolos de torres augurales.
Sobre el dolor ajeno ni siquiera medito,
porque sé que una frase no vale lo que un grito,
y, sin ser pesimista, no caigo en la locura
de buscar una página de serena blancura,
donde pueda escribirse la canción inefable
que ha de cantar el Hombre de un futuro probable.

cervantinas: usos de la literatura

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , on 3 octubre, 2011 by Claudia Gilman

Rubén Darío

Letanía de nuestro señor Don Quijote

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,

que de fuerza alientas y de ensueños vistes,

coronado de áureo yelmo de ilusión;

que nadie ha podido vencer todavía,

por la adarga al brazo, toda fantasía,

y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,

que santificaste todos los caminos

con el paso augusto de tu heroicidad,

contra las certezas, contra las conciencias

y contra las leyes y contra las ciencias,

contra la mentira, contra la verdad…

¡Caballero errante de los caballeros,

varón de varones, príncipe de fieros,

par entre los pares, maestro, salud!

¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,

entre los aplausos o entre los desdenes,

y entre las coronas y los parabienes

y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias

antiguas y para quien clásicas glorias

serían apenas de ley y razón,

soportas elogios, memorias, discursos,

resistes certámenes, tarjetas, concursos,

y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,

a un enamorado de tu Clavileño,

y cuyo Pegaso relincha hacia ti;

escucha los versos de estas letanías,

hechas con las cosas de todos los días

y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,

con el alma a tientas, con la fe perdida,

llenos de congojas y faltos de sol,

por advenedizas almas de manga ancha,

que ridiculizan el ser de la Mancha,

el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos

las mágicas rosas, los sublimes ramos

de laurel Pro nobis ora, gran señor.

¡Tiembla la floresta de laurel del mundo,

y antes que tu hermano vago, Segismundo,

el pálido Hamlet te ofrece una flor!

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;

ruega casto, puro, celeste, animoso;

por nos intercede, suplica por nos,

pues casi ya estamos sin savia, sin brote,

sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,

sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos

de los superhombres de Nietzsche, de cantos

áfonos, recetas que firma un doctor,

de las epidemias, de horribles blasfemias

de las Academias,

¡líbranos, Señor!

De rudos malsines,

falsos paladines,

y espíritus finos y blandos y ruines,

del hampa que sacia

su canallocracia

con burlar la gloria, la vida, el honor,

del puñal con gracia,

¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,

que santificaste todos los caminos,

con el paso augusto de tu heroicidad,

contra las certezas, contra las conciencias

y contra las leyes y contra las ciencias,

contra la mentira, contra la verdad…

¡Ora por nosotros, señor de los tristes

que de fuerza alientas y de ensueños vistes,

coronado de áureo yelmo de ilusión!

¡que nadie ha podido vencer todavía,

por la adarga al brazo, toda fantasía,

y la lanza en ristre, toda corazón!

Un Soneto A Cervantes de Rubén Darío

Horas de pesadumbre y de tristeza

paso en mi soledad. Pero Cervantes

es buen amigo. Endulza mis instantes

ásperos, y reposa mi cabeza.

Él es la vida y la naturaleza,

regala un yelmo de oros y diamantes

a mis sueños errantes.

Es para mí: suspira, ríe y reza.

Cristiano y amoroso y caballero

parla como un arroyo cristalino.

¡Así le admiro y quiero,

viendo cómo el destino

hace que regocije al mundo entero

la tristeza inmortal de ser divino!