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Borges ultraísta: “CASA ELENA”

Posted in Jorge Luis Borges con y sin máscaras with tags , , , , , , on 25 marzo, 2012 by Claudia Gilman

                                                 CASA ELENA

                                  (Hacia una Estética del Lupanar en España)

      Las paredes petrificadas en un gesto de máxima severidad nos  lapidan. Los carteles borrachos saltan de los balcones. Pero junto a un rectángulo iluminado que susurra

C A F É

hay un zaguán y una escalera vehemente, y una `puerta que cede con esa sumisión de los libros que se abren en la pagina manoseada y requeteagotada por el estudio.

Luego  =========== el burdel

***

Un cuartujo donde algún (sic) que otro sombrero decapitado se desangra en las perchas. Unas cuantas muchachas. Un tropical enroscamiento de risas. Ciñendo un velador donde se pluraliza la mentira de un carnaval de naipes, se despereza nuestro aburrimiento. Las mujeres — el muestrario esperanzado y ecuánime del burdel de provincias – se ofrecen con la porfía intermitente de un albarán demasiado alto.

Domina una atmósfera de espontaneidad y de puericia. Un ambiente de cuarto de juguetes y de patio con surtidor. Enteramente primitivo, anti-cristiano, anti-pagano, anti-maximalista y anti-patético.

***

Aquí fracasan todas las religiones. La concepción judáica fracasa, ya que al árbol del Génesis lo han talado a golpe de falo  y Adán y Eva se ven aquí reducidos a su actuación más lamentable de mercancía y comprador. La concepción hedónica fracasa, ya que al placer lo han mutilado, robándose las tiaras prestigiosas de la visión romántica y subrayando su tonalidad de fatalismo duro.

Todo es amaestrado, manso, oficial. Primitivo al mismo tiempo que encarrilado, tal un caballo que hace pruebas o una vidalita donde rimen dolor y amor…  Y nosotros aguardamos al margen de la media noche como al margen de un río.

El día, como un perro cansado, se tiende a nuestros pies y le acariciamos el lomo. Y la Estatuaria –esa cosa gesticulante y mayúscula—la comprendemos, al deliciarnos con las combas fáciles de una moza, esencial y esculpida como una frase de Quevedo. Y que acepta  –sin mayor alarde de asombro—la oxidada moneda falsa de nuestros verbalismos.

***

Después========== la trabazón carnal. Con estas tres palabras me basta. Ya que el placer, siendo algo que no está en el recuerdo, es igualmente inabarcable para todas las fórmulas.

De la madeja sensorial, la memoria sólo almacena los datos auditivos y visuales. Los otros –placer, dolor, estados térmicos—únicamente  persisten vertidos al lenguaje de la visualidad y de la audición. E Íntimamente, ¿qué pueden importarnos las interjecciones y la plasticidad de las etapas del ayuntamiento, si estas cosas tienen sólo un valor de paralelismo con el placer, que es lo único esencial y que nadie logrará jamás encerrar en una urdimbre de arte.

***

Salimos. El bloque de aire cuadrangular que oprimía nuestras espaldas se hunde. El andamiaje de guirnaldas de brazos y voces acarameladas también se aleja. El cielo se ha llenado de astronomía. Una estrella jadeante tiembla sobre los techos del mercado. Nuestros ojos pulsan muchas estrellas. Las calles, como rieles expertos, nos empujan no se sabe a qué parte.

Contra el silencio de acero de la ciudad nuestros pasos rebotan, como si fuésemos las avanzadas de un ejército que viniera a conquistar la ciudad desmantelada y desnuda. Una hora floja cae tropezando de un reloj. El viento escamotea las luces o las ahorca. En los arrabales del mundo el amanecer monstruoso y endeble ronda como una falsedad.

                                                                         JORGE-LUIS BORGES

En Revista Ultra, Año1 Número 17, Madrid, 30 de octubre de 1921.

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¿Post? ¿Fría? Revisen el diccionario o que alguien aclare dónde queda el mundo mundial

Posted in Historia Universal, Peer Review with tags , , , , , , , , , , , on 11 marzo, 2012 by Claudia Gilman

Cuando el mundo tembló

El Nuevo Mundo, Indias Occidentales y otras regiones parecen ser “extras” en el largo filme que ha dado nacimiento a los conceptos “mundial” “internacional” o “global”. La Internacional del conocimiento debería explicarse mejor. Es imprescindible limpiar el diccionario o reponer las representaciones ausentes.

Recordar, por ejemplo, 1949 , 1959, 1962…. Recordar Vietnam….

Falta para el fin de la Historia; ¿quién será el último de sus oradores o escribas? ¿Hara falta un avatar afinado históricamente que, cual Bartolomé de las Casas decida si tienen o no alma quienes viven en el hace no tanto llamado Tercer Mundo. Queridos filósofos como Jacques Derrida o Alan Badiou también derrapan en sus diagnósticos sobre el pasado reciente, el presente o las visiones de futuro… Desde acá, recordamos que estamos y que estábamos.

¿Frío? ¿Post? Revisen el diccionario (VI)

Posted in Esto es todo, amigos, Historia Universal with tags , , on 15 febrero, 2012 by Claudia Gilman

Para añadir imperios al imperialismo

La episteme seudocientífica (II)

Posted in Peer Review, Reproducción sexuada with tags , , , , , on 14 febrero, 2012 by Claudia Gilman

De Galeno a monos, predestinados, extraterrestres: a bloody history of blood

Aprende, aprende, que algo queda. Impresiona lo rápido que del conocimiento se llega a la especulación fantástica…

Harvey y sus temores

Sólo roja, pero con matices, descubiertos de a poco

El médico austríaco Karl Landsteiner (1868-1943), profesor de anatomía patológica en la Universidad de Viena (donde Semmelweis y Freud confrontaron distintos modos de la creencia), investigó  la genética de la sangre humana y hacia 1901 descubrió tres diferencias en la sangre humana, que se expresaban en modalidades de aglutinación. Dos discípulos posteriormente detectaron un cuarto tipo que no aglutinaba. O, A, B y AB eran, entonces, la analítica más moderna de la sangre. En el proceso por el cual se desarrollaron las “transfusiones” sanguíneas entre seres humanos, se vio que existían casos de incompatibilidad y que no todo sirve igual a todos los cuerpos. En 1908 los conocimientos permiten establecer relaciones entre grupos sanguíneos y factores hereditarios. La investigación sigue proporcionando pistas, indicios, todos comprobables. Es bastante reciente el descubrimiento del llamado “factor Rh”

Argentina: centro de la periferia

Las transfusiones directas todavía se practicaban a comienzos del siglo XX porque era imposible conservar la sangre extraída inalterada para su posterior uso. Al cabo de pocos minutos (de seis a doce) comenzaba su coagulación, manifestada inicialmente en un aumento gradual de viscosidad que terminaba con su casi completa solidificación. La coagulación es una defensa del organismo para taponar las heridas y minimizar las hemorragias. Hoy se sabe que un coágulo está casi totalmente formado por eritrocitos sujetos por una red de filamentos de fibrina. La fibrina no existe normalmente en la sangre, se crea a partir de la proteína plasmática fibrinógeno por la acción de la enzima trombina. La trombina, a su vez, no está naturalmente presente en la sangre, se genera a partir de una sustancia precursora, la protrombina, en un proceso en que intervienen las plaquetas, algunas sales de calcio y sustancias producidas por los tejidos lesionados. Como los coágulos no se generan si falta cualquiera de estos elementos, la adición de citrato de sodio (que elimina de la sangre los iones de calcio) evita su formación.

La investigación de Agote

Luis Agote, preocupado por el problema de las hemorragias en pacientes hemofílicos, encaró el problema de la conservación prolongada de la sangre con la colaboración del laboratorista Lucio Imaz. Sus primeros intentos, como el uso de recipientes especiales y el mantenimiento de la sangre a temperatura constante, no dieron resultado. Buscó entonces alguna sustancia que, agregada a la sangre, evitara la coagulación. Luego de muchas pruebas de laboratorio in vitro y con animales, Agote, aunque sin conocer el origen bioquímico del comportamiento, encontró que el citrato de sodio (sal derivada del ácido cítrico) evitaba la formación de coágulos. Esta sustancia, además, era tolerada y eliminada por el organismo sin causar problemas ulteriores. La primera prueba con personas se hizo el 9 de noviembre de 1914, en un aula del Instituto Modelo de Clínica Médica, teniendo como testigos al Rector de la Universidad de Buenos Aires, Epifanio Uballes, el decano de la Facultad de Medicina, Luis Güemes, el Director General de la Asistencia Pública, Baldomero Sommer, y el intendente municipal, Enrique Palacio, además de numerosos académicos, profesores y médicos. Durante la misma un enfermo que había sufrido grandes pérdidas de sangre recibió la transfusión de 300 cm3 de sangre previamente donados por un empleado de la institución y conservados por la adición de citrato de sodio. Tres días después el enfermo, totalmente restablecido, fue dado de alta.

Luis Agote, lejos de los centros científicos más importantes y avanzados, logró resolver el problema de las transfusiones que angustiaba a los miles de médicos reclutados por los ejércitos europeos durante la Primera Guerra Mundial. Fue un gran aporte a la medicina mundial, que contaría desde entonces con un método de transfusión de sangre simple, inocuo y fácil de ejecutar por un profesional idóneo. El periódico estadounidense New York Herald publicó una síntesis del método de Agote y percibió sus proyecciones futuras, afirmando que tendría muchas otras aplicaciones además del tratamiento de hemorragias agudas.

Harvey, que tenía una buena idea, fue refutado por razones “científicas”. Por razones imaginativas y amor por las conspiraciones, muchos prefieren aventurar (ahora que alguien descubrió el factorRH, porque de lo contrario no habría ninguna de estas teorías) historias mucho más extraordinarias.

Sustituto de la “ideología” en sus significados althusserianos, ahora la idea es interpelar a cada quien en busca de su opinión: las demostraciones o teorías de Harvey, Semmelweis, Planck, Galileo y se puede seguir… en su momento no interesaban. La “libertad de opinar” y el valor de verdad de cada opinión, siempre garantizado por la bondad natural que anima toda empresa seudocientífica, son lo que cuenta.

Aunque no parezca tener mucho que ver, una semilla seudocientífica se aloja en la cotidiana apreciación subjetiva a la que  “meteorólogos”, que podrían medir en lugar de evaluar, someten al clima: agradable, desagradable, lindo, feo. Lluvia es feo. Calor es feo en verano, lindo en invierno. Frío es lindo en verano, feo en invierno. Nunca conectan como parte de una noticia las informaciones sobre sequías, incendios o inundaciones. Lo mensurable se disuelve. Lo inconmensurable, entonces, deja de ser inefable y está lleno de palabras: todo tiene que ver con todo pero la unión y las partes son el monopolio legítimo de los procesos mentales y emocionales del que habla. Y el que escucha, obligado a dejar de pensar porque todo eso es impensable, no recuerda más cuál era el surco del pensamiento.

ES VITAL TENER EN CUENTA EL FACTOR RHESUS EN CASO DE EMBARAZO SI LA MADRE ES RH NEGATIVO. LOS ANGELES PUEDEN ESPERAR UN RATO.

Lo que no conviene ser: subalterno

Posted in Peer Review, Reproducción sexuada with tags , , , , on 14 febrero, 2012 by Claudia Gilman

Zurdo:

Mujer:

“Y en efecto, escribir para las mujeres, es predicar en desiertos, porque no leen, ni quieren leer; y si llegan a leer, leen como oyen llover. Un periódico de damas sería un desierto aquí, porque para nuestras damas, toda literatura es un desierto. Decirles que deben darse a la lectura, al pensamiento; que no basta saber bordar y coser; que el piano, el canto, el baile, el dibujo, los idiomas no constituyen sino un preliminar a una educación completa; que sus destinos son más altos y dignos en la sociedad, es predicar en las montañas, pero no como Aquél que hace cerca de dos mil años predicó en un monte, y hasta ahora retumban sus palabras por toda la tierra. Por un oído les entra, y por otro les sale.” Juan Bautista Alberdi, La moda, 1833

“Pero educar a la mujer para la ciencia es empresa tan ardua a los ojos de casi todos los hombres, que aquellos en quienes tiene luz más viva la razón y más sana energía la voluntad, prefieren la tiniebla del error, prefieren la ociosidad de su energía, a la lucha que impone la tarea. Y no seréis vosotros los únicos, señores, que al llevar al silencio del hogar las congojas acerbas que en todo espíritu de hombre destila el espectáculo de la anarquía moral e intelectual de nuestro siglo, no seréis vosotros los únicos que os espantéis de concebir que allí, en el corazón afectuoso, en el cerebro ocioso, en el espíritu erial de la mujer, está probablemente el germen de la nueva vida social, del nuevo mundo moral que en vano reclamáis de los gobiernos, de las costumbres, de las leyes. No seréis los únicos que os espantéis de concebirlo. Educada exclusivamente como está por el corazón y para él, aislada sistemáticamente como vive en la esfera de la idealidad enfermiza, la mujer es una planta que vegeta, no una conciencia que conoce su existencia; es una mimosa sensitiva que lastima el contacto de los hechos, que las brutalidades de la realidad marchitan; no una entidad de razón y de conciencia que amparada por ellas en su vida, lucha para desarrollarlas, las desarrolla para vivirlas, las vive libremente, las realiza. Vegetación, no vida; desarrollo fatal, no desarrollo libre; instinto, no razón; haz de nervios irritables, no haz de facultades dirigibles; sístole-diástole fatal que dilata o contrae su existencia, no desenvolvimiento voluntario de su vida; eso han hecho de la mujer los errores que pesan sobre ella, las tradiciones sociales, intelectuales y morales que la abruman, y no es extraordinario que cuando concebimos en la rehabilitación total de la mujer la esperanza de un nuevo orden social, la esperanza de la armonía moral e intelectual, nos espantemos: entregar la dirección del porvenir a un ser a quien no hemos sabido todavía entregar la dirección de su propia vida, es un peligro pavoroso. Ley eterna de la naturaleza es igualdad moral del hombre y de la mujer, porque la mujer, como el hombre, es obrero de la vida; porque para desempeñar ese augusto ministerio, ella como él está dotada de las facultades creadoras que completan la formación física del hombre-bestia por la formación moral del hombre-dios. Nosotros violamos esa ley, cuando reduciendo el ministerio de la mujer a la simple cooperación de la formación física del animal, le arrebatamos el derecho de cooperar a la formación psíquica del ángel. Para acatar las leyes de la naturaleza, no basta que las nuestras reconozcan la personalidad de la mujer, es necesario que instituyan esa personalidad, y sólo hay personalidad en donde hay responsabilidad y en donde la responsabilidad es efectiva. Más lógicos en nuestras costumbres que solemos serlo en las especulaciones de nuestro entendimiento, aún no nos hemos atrevido a declarar responsable del desorden moral e intelectual a la mujer, porque, aún sabiendo que en ese desorden tiene ella una parte de la culpa, nos avergonzamos de hacerla responsable. ¿Por magnanimidad, por fortaleza? No; por estricta equidad, porque si la mujer es cómplice de nuestras faltas y copartícipe de nuestros males, lo es por ignorancia, por impotencia moral; porque la abandonamos cobardemente en las contiendas intelectuales que nosotros sostenemos con el error, porque la abandonamos impíamente a las congojas del cataclismo moral que atenebra la conciencia de este siglo. Reconstituyamos la personalidad de la mujer, instituyamos su responsabilidad ante sí misma, ante el hogar, ante la sociedad; y para hacerlo, restablezcamos la ley de la naturaleza, acatemos la igualdad moral de los dos sexos, devolvamos a la mujer el derecho de vivir racionalmente; hagámosle conocer este derecho, instruyámosla en todos sus deberes, eduquemos su conciencia para que ella sepa educar su corazón. Educada en su conciencia, será una personalidad responsable: educada en su corazón, responderá de su vida con las amables virtudes que hacen del vivir una satisfacción moral y corporal tanto como una resignación intelectual.

¿Cómo?

Ya lo sabéis: obedeciendo a la naturaleza. Más justa con el hombre que lo es él consigo mismo, la naturaleza previó que el ser a quien dotaba de la conciencia de su destino, no hubiera podido resignarse a tener por compañera a un simple mamífero; y al dar al hombre un colaborador de la vida en la mujer, dotó a ésta de las mismas facultades de razón y la hizo colaborador de su destino. Para que el hombre fuera hombre, es decir, digno de realizar los fines de su vida, la naturaleza le dio conciencia de ella, capacidad de conocer su origen, sus elementos favorables y contrarios, su trascendencia y relaciones, su deber y su derecho, su libertad y su responsabilidad; capacidad de sentir y de amar lo que sintiera; capacidad de querer y realizar lo que quisiera; capacidad de perfeccionarse y de mejorar por si mismo las condiciones de su ser y por sí mismo elevar el ideal de su existencia. Idealistas o sensualistas, materialistas o positivistas, describan las facultades del espíritu según orden de ideas innatas o preestablecidas, según desarrollo del alma por el desarrollo de los sentidos, ya como meras modificaciones de la materia, ya como categorías, todos los filósofos y todos los psicólogos se han visto forzados a reconocer tres órdenes de facultades que conjuntamente constituyen la conciencia del ser humano, y que funcionando aisladamente constituyen su facultad de conocer, su facultad de sentir, su facultad de querer. Si estas facultades están con diversa intensidad repartidas en el hombre y la mujer, es un problema; pero que están total y parcialmente determinando la vida moral de uno y otro sexo, es un axioma: que los positivistas refieran al instinto la mayor parte de los medios atribuidos por los idealistas a la facultad de sentir; que Spinoza y la escuela escocesa señalen en los sentidos la mejor de las aptitudes que los racionalistas declaran privativas de la razón; que Krause hiciera de la conciencia una como facultad de facultades; que Kant resumiera en la razón pura todas las facultades del conocimiento y en la razón práctica todas las determinaciones del juicio, importa poco, en tanto que no se haya demostrado que el conocer, el sentir y el querer se ejercen de un modo absolutamente diverso en cada sexo. No se demostrará jamás, y siempre será base de la educación científica de la mujer la igualdad moral del ser humano. Se debe educar a la mujer para que sea ser humano, para que cultive y desarrolle sus facultades para que practique su razón, para que viva su conciencia, no para que funcione en la vida social con las funciones privativas de mujer. Cuanto más ser humano se conozca y se sienta, más mujer querrá ser y sabrá ser.  Eugenio María de Hostos, Revista Sudamericana, Chile, junio de 1873.

“¡Justicia es lo que necesitamos, no galantería! Que la mujer tenga conciencia de sí misma; hacedla inteligente. Para que tenga inteligencia desarrollad su organismo con elementos iguales que aquellos que rigen la educación del varón; para atraer sobre ella estos elementos y no chocar de frente con las corrientes enervadoras que nos rodean, fundad el hogar campestre donde llevéis a reposar a la familia en largas temporadas; el hogar en el seno de la naturaleza en donde luz, aire, sol, espacio, ejercicio, meditación, sencillez y libertad se aúnan sobre la mujer predisponiéndola a saber pensar; el primer fundamento de todas las humanas dignidades. Para conseguir esto, sacrificadlo todo, galas, vanidades, felicidad, posición, intereses; cuanto sea sacrificable en el orden material de la existencia, y a la par que forméis estas futuras entidades femeninas, con arreglo a la ciencia, a la filosofía y a la moral, decid al oído de vuestras hijas estas palabras: “Toda libertad tiene sus víctimas; toda redención sus mártires; no se triunfa sin luchar; a la mayor altura del ideal corresponde la mayor elevación del calvario; preparaos a la batalla haciendo la renuncia voluntaria del vencimiento, y no levantéis jamás vuestros ojos al cielo cuando se os ofrezca el cáliz de la amargura; a la inmensidad de Dios no llega nunca la pequeñez del hombre, ni aún en su mayor grandeza, que es el dolor; profanar con una sola lágrima de pena el sereno ideal de la gloria es el más impío de los sacrilegios; la hiel no traspasa nunca los límites de nuestro propio corazón, y el secreto para convertir su acritud en dulzura de néctar, consiste solo en levantar nuestro amor más allá de nosotros mismos, más allá de la familia y de la patria, hasta el majestuoso cosmos universal donde se deslizan las humanidades.”

Habladles de este modo a vuestras hijas y entrarán en las nuevas generaciones como la Minerva de la mitología, armadas de todas armas.

Dispensadme que haya abusado de vuestra paciencia y llevaros en vuestro pensamiento la certidumbre de que, para testificar mis convicciones, no he vacilado un solo instante en entregar mi personalidad a los sacudimientos de la pública opinión, ¡tan inclinada a colocar en la picota del desprecio a toda alma que intenta evadirse del nivel admitido! ¡picota más abrasadora que las hogueras inquisitoriales! picota a la cual, si es preciso subir, ascenderé serena; de tal modo encuentro insignificante la felicidad, la vida y el nombre, ante la grandeza de ese ideal sublime que surge en los orientes del porvenir, levantando sobre apoteosis gloriosa al hombre y a la mujer, unidos por eterno abrazo de sus inteligencias y de sus corazones, para el solo fin de la ventura humana. He dicho.  Conferencia, Doña Rosario de Acuña en el Fomento de las Artes, la noche del 21 de Abril de 1888. Las Dominicales del Libre Pensamiento. Miércoles 25 de Abril de 1888 (Número extraordinario).

Ahora bien, ser mujer, zurda y rh negativo es ya una maldición.

La episteme seudocientífica (I)

Posted in Peer Review with tags , , , , , on 14 febrero, 2012 by Claudia Gilman

Estado actual de las condiciones de la verdad en la episteme seudocientífica

Por un lado, pretende obtener patente conceptual bajo la clasificación de “posmodernidad” pero dado que el prefijo “post” en sus diversas variantes no logra clausurar ni hacer caducar procesos cuyo fin supone pero no demuestra ni, de hecho, podría considerar terminados, dicha patente es denegada. Por otro y dicho sea de paso, nadie ha acercado a la oficina de patentes alguna prueba o evidencia de que la “modernidad” se haya acabado, tampoco cuándo comenzó. La existencia de un consenso “semántico” sobre un estado de cosas que pretende superar, mediante una denominación,  “dogmas” anacrónicos y al mismo tiempo negarse a integrar el campo de las llamadas “supersticiones” indica la condición de emergencia de la seudociencia y su aceptación en el interior de los sistemas “científicos”.

Resistencia a la falsación, resistencia a la verificación

Antes de conocerse el secreto de la circulación sanguínea y posteriormente los arcanos de los grupos sanguíneos y posteriormente el enigmático factor Rhesus, quienes hoy además de conocer el grupo y factor de su sangre se saben “RH negativos” recibieron transfusiones de sangre de “RH positivos” se perjudicaron por un desconocimiento del que no pueden culpar a la ciencia, cuyo “progreso” si acaso lo hay, transcurre en la larga duración. Algunos leprosos que fueron maltratados durante los muchos años en que las teorías de Bergel fueron rechazadas pese a que eran correctas, no pueden resucitar y reclamar. Las mujeres que murieron en las salas de partos donde las sugerencias de Semmelweis sobre el lavado de manos fueron desestimadas, no pueden resucitar para solicitar reparación. Si hoy se desconociera la asepsia a nivel hospitalario, naturalmente la mala praxis de los responsables sería un escándalo. El pasado es irrevocable por más retroactiva que sea la justicia. Y estamos hablando de “ciencia”. ¿Qué pretender entonces de la “seudociencias” si el mapa que divide una de otra es tan frágil y sujeto a revisiones? Supuestamente, los organismos científicos asumen la responsabilidad de autorizar o desautorizar lo que se presume es hoy, una “verdad”, parcial, precaria pero por lo menos la que hoy se comparte. Lo mismo hace, supuestamente, la dirección de bromatología o los responsables de verificar las habilitaciones de hoteles, restaurantes, planos de obra, supermercados e ingredientes que contiene tal marca de mayonesa o mostaza. La verdad será precaria pero confía en algo quien se lleva a la boca lo que le sirven en un restaurante. Presunción de inocencia en el plano social o caos. En la seudociencia, un problema grave es que el error puede durar indefinidamente y el perjuicio contra los que de buena fe creen lo que se les enseña a veces no puede ser corregido en el tiempo. Puede que la verdad sea precaria, débil, opinable, incluso. Pero hay falsedades totalmente demostrables. La seudociencia no se interesa por lo cierto ni por refutar lo falso puesto que proclama la inexistencia de esa distinción. Ese “relativismo” metodológico no alcanza sus conclusiones. No es suficientemente radical, cuando el seudocientífico habla, enseña, escribe o sentencia. Al fabricante de pulpa de tomate no le conviene que su producto intoxique a los consumidores. Los perjuicios de la seudociencia son menos mensurables. Su detección es difícil. Los organismos evaluadores de que lo que pasa por ser ciencia sea ciencia tampoco saben muy bien qué hacer con la proliferación de “papers” de los seudocientíficos a los que subsidia con fondos públicos. Por otra parte, los que “controlan” las áreas de las seudociencias son también seudocientíficos. Ya ni siquiera conservan las competencias para comprender el sentido de las oraciones. Es más: cuanto menos comprenden más convencidos están de que el otro debe tener razón. Si es difícil, seguramente es más avanzado y mejor. La seudociencia está mejor preparada que el cáncer más agresivo para hacer metástasis y a diferencia del cáncer, nadie parece preocuparse por identificar la seudociencia como una “enfermedad”. Quien se ríe de la actitud de la Iglesia por no recomendar el uso de los preservativos, tal vez sea un seudocientífico que, a su manera, está promoviendo la ignorancia y otorgando habilitación para que se difunda como un alto servicio humanitario. No se puede conocer todo. Ese todo es falso, porque jamás descarta. Cuando se conoce, incluso si se cita, el seudocientífico vocacional hace pensar que leyó lo que cita. Pero cuando se lee la producción seudocientífica y se tiene la desgracia de conocer lo citado o la desgracia aun mayor de haberlo escrito uno, es difícil no darse cuenta de que el que lo cita no lo entendió, lo plagia sin entenderlo, ignora que hay nuevas cuestiones sobre el tema que ameritan una reflexión y actualización. El seudocientífico hace su agosto propagando el error, deformando (si plagia todavía más) lo que escribe para ocultar el plagio, sin darse cuenta de que propaga doblemente el error, por fraudulento, por ignorante y la naturaleza misma de las acciones en las que se involucró. Conozco personalmente una gran cantidad de seudocientíficos orgullosos. Algunos hasta manifiestan su preocupación por la “ciencia periférica” a la que contribuyen, desde la periferia de sus deshonestidades. No hay domicilio para la periferia: es una cuestión de inteligencia y de ética. Si teniendo a mano los mismos instrumentos que le permitirían producir conocimiento, se niegan a utilizarlos no sin antes ocuparse de ocultar su existencia, quemarlos, negarlos, destrozarlos, deformarlos o asegurarse de que nadie pueda recurrir a ellos, ejercen una suerte de “selección artificial” cuyo propósito es contrariar cualquier evolución. No sólo obligan a cualquier Galileo a abjurar sino que establecen la prohibición de usar telescopios a cualquier astrónomo. Cuando legislan sobre los criterios de cientificidad de sus especialidades crean protocolos que garantizan el incremento de la inutilidad e irrelevancia del futuro seudocientífico, que incluyen el Índex de los trabajos prohibidos cualquier producto que acredite el uso de la lógica o una metodología de investigación que alguna vez pudo dar resultados relativamente útiles y no enteramente irrelevantes. Si pudieran, echarían lavandina sobre la Mona Lisa para poder predicar de algo que han vuelto inexistente, infinitos enunciados no sujetos jamás a constatación empírica. No procuran ningún otro beneficio que ejercer el poder sobre los enunciados de los otros. Obran igual que delincuentes lobotomizados: serían completamente capaces de planear asaltos a bancos sin el menor interés por asegurarse que haya fondos. Sólo les interesa que los guardianes no los identifiquen. Y eso sucede, ciertamente, porque ellos son los guardianes. Para un seudocientífico el robo y el botín no guardan relación dado que la seudociencia establece como primera premisa que la realidad no existe, no puede ser conocida ni debe ser conocida. La menor posibilidad de producir algún discurso que “toque” un real se opone a la seudociencia y es precisamente lo que la seudociencia debe evitar.

Sin embargo, alegando el concurso de la racionalidad, el enigma de la tan desigual población de Rh negativos, da pie a todo tipo de extraordinarias fantasías. Si el hombre desciende del mono y el mono es Rh positivo ¿de dónde procede la minoría de Rh negativos? Extraterrestres, predestinados, ángeles, malditos o candidatos a fenómenos de circo, los anómalos que ahora tienen la desgracia de portar una anomalía que antes era invisible y no detectable, están expuestos a la misma maldición que caía sobre otros desafortunados portadores de genes que desafían la estadística general: los zurdos.

Permanece el enigma de su permanencia en el universo de la selección natural: si es una condición negativa ¿Por qué no han desaparecido? Si al contrario, no lo es ¿Por qué no aumenta esa población? El derecho a la diferencia es altamente retórico: nadie quiere tener un hijo zurdo, a juzgar por las quejas de los padres y madres en la web. Nadie quiere, tampoco, pertenecer a la pequeña población a la que le falta el gen del mono. Todos quieren ser normales y todos quieren ser excepcionales, siempre y cuando la excepcionalidad les garantice ventajas para destacarse de entre la masa. El seudocientífico produce discursos que, minoritarios, son muy adecuados para reproducir diferencias. No estarán a la altura de los grandes descubridores de la ciencia, pero tampoco hablarán el mondo, lirondo y liso idioma de las mayorías cuya causa siempre afirman representar: voceros de las minorías, ventrílocuos de los subalternos, defensores de los que no tienen voz o de los que la tienen pero se supone que no vale la pena escucharlos o vale más la pena hablar de ellos que dejar de hablar y dejar que un sano silencio permita oír algo más que las propias enamoradas ficciones para las que hacen falta palabras “científicas” que aseguren que sólo los otros seudocientíficos comprenderán. O no. Comprender no es una operación mental que esté en la agenda de los Tartufos del “saber”.

¿Frío? ¿Post? Revisen el diccionario (II)

Posted in Esto es todo, amigos, Historia Universal with tags , , , on 10 febrero, 2012 by Claudia Gilman

Laika in the sky, no diamonds. Advertencia: vamos ganando…