¿Periferia y centro en el Universo?

Ciencia periférica: la queja no paga y el fraude tiene patas cortas

Cuando Ignaz Semmelweis logró reducir drásticamente y ostensiblemente la mortalidad de las parturientas del Hospital General de Viena prescribiendo a los médicos que las trataban el indoloro y simple lavado de manos la “ciencia” moderna demostró que la mayoría de sus postulados son pura ideología. Dado que la evidencia empírica no estaba avalada por la teoría de los “gérmenes”, que tiempo después establecería la relación causa efecto entre la falta de asepsia y el contagio infeccioso,  Semmelweis y sus sensatas inferencias, PESE A QUE SE DEMOSTRARON EFICACES, fueron ridiculizados. Es fácil responsabilizar al  dogmatismo religioso de preferir la ignorancia al conocimiento. La retractación de Galileo prolongó la equivocada teoría que hacía de la Tierra el centro inmóvil del sistema solar. ¿Qué decir de la ceguera deliberada con la que se combatieron las evidencias “objetivas” en el caso de Semmelweis? En sentido contrario, sorprende la credulidad con la que hasta el día de hoy se acepte sin discusión la “fobia infantil” padecida por Juanito y analizada por Sigmund Freund a partir de relatos y anotaciones del padre del niño, que antes de experimentar la “fobia”, era un niño perfectamente “sano”. Juanito, según su padre, manifiesta en alguna oportunidad su asombro al observar que en lugar de interactuar del modo en que otros padres lo hacen con sus hijos, su padre lo “anote” de manera regular y sistemática. Naturalmente, la única vez que consultan a Freud, el niño (siempre según el padre) , no puede sino creer que Herr Profesor es Dios encarnado. ¿Cómo, si no, puede saber todos y cada uno de los detalles de su vida? ¿Cómo un niño puede suponer que el minucioso y detallado anecdotario de su infantil biografía le es ofrecido a Freud por intermedio de su padre? Yo también tendría terror si un desconocido estuviera tan al tanto de mis sueños, fantasías, conversaciones, de toda mi secreta vida íntima. En todo caso, nada de eso tiene que ver con Viena en particular, según creo. Pero imaginemos que generaciones de estudiosos se consagraran a investigar, sin llegar a ningún resultado, el papel de Viena en la incredulidad (caso Semmelweis) y la credulidad (caso Freud). Y que todo lo creíble o lo increíble fuera, de allí en más, un predicado sobre Viena. Incluso si hay otras hipótesis y otras agendas que requieren el concurso de nuestros modestos esfuerzos y el de los fondos públicos que utilizamos para desarrollar investigaciones “científicas”.

Con parecido entusiasmo y escasos resultados, se vienen analizando y estableciendo los problemas de la ciencia en términos de ciencia periférica y ciencia central. Contra el colonialismo de los malos imperialistas que hacen ciencia central y le prestan poca atención a los “periféricos” se instituye el lamento de los “periféricos”. ¿No sería mejor que muchos de esos sauces llorones periféricos evitaran las conductas fraudulentas y se propusieran trabajar con las herramientas adecuadas, sobre agendas de investigación relevantes y luego de hacerlo interrogarse si lo periférico no reside más bien en sus metodologías e incapacidades que en sus lugares de trabajo? ¿El calendario solar de Chankillo, en Perú o las técnicas de la autoinoculación (vacunación) que los militares colonizadores aprendieron de los nativos durante la Guerra Civil en los EE.UU. y que salvaron sus vidas y las de sus soldados son conocimiento periférico o central? ¿Es periférico o central reparar en el hecho de que la traducción castellana del Popol Vuh es absurda cuando sugiere “indios” o “indígenas” como equivalente de “tribus” o “naciones”, como si los pobladores de “América” validaran la fantasía europea de haber encontrado las Indias Orientales al desembarcar en el “Nuevo Mundo”? ¿Por qué es central EE.UU. una ex colonia mucho más tardía que las del Sur del continente? ¿Es periférica la China, que descubrió la pólvora o el papel, por ejemplo? ¿Es central Europa, que “recordó” a Aristóteles gracias a los árabes? ¿Son periféricos los mayas, que conocían el cero? Oriente y Occidente, no está mal recordarlo, son una medida puramente del sentido. Sólo designan, en principio, la totalidad del espacio enmarcado por los puntos donde el Sol “nace” y donde “declina”. Y ni siquiera “nace” y “declina” al mismo tiempo para todos los observadores: existen las antípodas; existe el Sur y existe el Norte. Mientras en una mitad del planeta es de día, en la otra es de noche.

Y la Tierra gira. Y el Sol está allí, para todos. No hace falta ninguna tradición para rebelarse y siempre se pude pensar, bien o mal. Lo que no debería estar permitido es que hablen en nombre de nuestras “periferias” quienes deshonran el conocimiento, la profesión y los organismos que los financian con los dineros de los ciudadanos, que esperan por lo menos que sus “científicos”, por más mediocres que sean los arrabales sudamericanos que les tocaron en suerte, no propaguen la incultura y la mala fe. Marie Curie era polaca y pobre. La única científica que ganó dos Premios Nobel en dos campos diferentes (además de Linus Pauling, que ganó el de Química y el de la Paz) no logró ser aceptada en la Academia de Ciencia de París. Periferia hay en todas partes.

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