Científicos en contra del fraude: ¿Y los que se alimentan gracias al fraude? ¿Están realmente preocupados?

Gran preocupación entre los altos círculos de los fraudulentos

Como una mancha de aceite se desparrama el temor. ¿Cuántos años habrá que dejar de robar? “Se  nos acabaría el negocio”, dicen, en voz  baja, los evaluadores que vienen viviendo del trabajo ajeno…

“¿Tendremos que aprender a investigar?” “¿Con lo difícil que es pensar?”  “!No hay lugar para todos en los puestos dirigenciales!”

“Encallemos juntos, como las ballenas…” “Que no se sepa por qué nos inmolamos, que nadie conozca el mecanismo, que se distribuyan equitativamente las responsabilidades”. “Eso”, se entusiasma uno: “Hagámoslo con el frenesí de la comida totémica: seamos todos tótem, todos sagrados”.

“Pero no, pero no… ” Detiene la deriva delirante de los colegas, con bastante asombro un miembro de las áreas más serias de la ciencia, honestamente preocupado al ver la facilidad metastásica  de ciertos discursos místico-filosóficos-pseudocientíficos. “Basta que un hombre bien no mueva un dedo para que triunfe el mal”, responde aquel viejo habitué del cónclave de los deshonestos. Ese que ya conoce bastante sobre cómo, dónde, cuándo y para qué se celebran aquellos secretísimos concilios, apoyados en la autoridad que han sabido conseguir, no se sabe cómo. Y no desearía uno averiguarlo. El último que ha tomado la palabra está parafraseando a Edmund Burke, tal vez sin saber quién es Edmund Burke. “La deshonestidad vencerá”, se consuela y consuela a los preocupados pares evaluadores que temen que se acabe su licencia para robar. Se lleva anotada mentalmente la secreta intención de proponer, más adelante, expulsar todo atisbo de pseudociencia del organismo que concentra la producción científica y tecnológica de la Nación.

“Confiemos”, dicen en voz baja. “Para vencer la gravedad hay que hacer un esfuerzo. Lo más habitual es que venza la inercia y aporte más gatos pardos a la noche del basural”. Se retiran tranquilos: muchos se van con años de holgazanería asegurada gracias a los investigadores sobre los que han posado sus picos y garras carroñeras.

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