La episteme seudocientífica (II)

De Galeno a monos, predestinados, extraterrestres: a bloody history of blood

Aprende, aprende, que algo queda. Impresiona lo rápido que del conocimiento se llega a la especulación fantástica…

Harvey y sus temores

Sólo roja, pero con matices, descubiertos de a poco

El médico austríaco Karl Landsteiner (1868-1943), profesor de anatomía patológica en la Universidad de Viena (donde Semmelweis y Freud confrontaron distintos modos de la creencia), investigó  la genética de la sangre humana y hacia 1901 descubrió tres diferencias en la sangre humana, que se expresaban en modalidades de aglutinación. Dos discípulos posteriormente detectaron un cuarto tipo que no aglutinaba. O, A, B y AB eran, entonces, la analítica más moderna de la sangre. En el proceso por el cual se desarrollaron las “transfusiones” sanguíneas entre seres humanos, se vio que existían casos de incompatibilidad y que no todo sirve igual a todos los cuerpos. En 1908 los conocimientos permiten establecer relaciones entre grupos sanguíneos y factores hereditarios. La investigación sigue proporcionando pistas, indicios, todos comprobables. Es bastante reciente el descubrimiento del llamado “factor Rh”

Argentina: centro de la periferia

Las transfusiones directas todavía se practicaban a comienzos del siglo XX porque era imposible conservar la sangre extraída inalterada para su posterior uso. Al cabo de pocos minutos (de seis a doce) comenzaba su coagulación, manifestada inicialmente en un aumento gradual de viscosidad que terminaba con su casi completa solidificación. La coagulación es una defensa del organismo para taponar las heridas y minimizar las hemorragias. Hoy se sabe que un coágulo está casi totalmente formado por eritrocitos sujetos por una red de filamentos de fibrina. La fibrina no existe normalmente en la sangre, se crea a partir de la proteína plasmática fibrinógeno por la acción de la enzima trombina. La trombina, a su vez, no está naturalmente presente en la sangre, se genera a partir de una sustancia precursora, la protrombina, en un proceso en que intervienen las plaquetas, algunas sales de calcio y sustancias producidas por los tejidos lesionados. Como los coágulos no se generan si falta cualquiera de estos elementos, la adición de citrato de sodio (que elimina de la sangre los iones de calcio) evita su formación.

La investigación de Agote

Luis Agote, preocupado por el problema de las hemorragias en pacientes hemofílicos, encaró el problema de la conservación prolongada de la sangre con la colaboración del laboratorista Lucio Imaz. Sus primeros intentos, como el uso de recipientes especiales y el mantenimiento de la sangre a temperatura constante, no dieron resultado. Buscó entonces alguna sustancia que, agregada a la sangre, evitara la coagulación. Luego de muchas pruebas de laboratorio in vitro y con animales, Agote, aunque sin conocer el origen bioquímico del comportamiento, encontró que el citrato de sodio (sal derivada del ácido cítrico) evitaba la formación de coágulos. Esta sustancia, además, era tolerada y eliminada por el organismo sin causar problemas ulteriores. La primera prueba con personas se hizo el 9 de noviembre de 1914, en un aula del Instituto Modelo de Clínica Médica, teniendo como testigos al Rector de la Universidad de Buenos Aires, Epifanio Uballes, el decano de la Facultad de Medicina, Luis Güemes, el Director General de la Asistencia Pública, Baldomero Sommer, y el intendente municipal, Enrique Palacio, además de numerosos académicos, profesores y médicos. Durante la misma un enfermo que había sufrido grandes pérdidas de sangre recibió la transfusión de 300 cm3 de sangre previamente donados por un empleado de la institución y conservados por la adición de citrato de sodio. Tres días después el enfermo, totalmente restablecido, fue dado de alta.

Luis Agote, lejos de los centros científicos más importantes y avanzados, logró resolver el problema de las transfusiones que angustiaba a los miles de médicos reclutados por los ejércitos europeos durante la Primera Guerra Mundial. Fue un gran aporte a la medicina mundial, que contaría desde entonces con un método de transfusión de sangre simple, inocuo y fácil de ejecutar por un profesional idóneo. El periódico estadounidense New York Herald publicó una síntesis del método de Agote y percibió sus proyecciones futuras, afirmando que tendría muchas otras aplicaciones además del tratamiento de hemorragias agudas.

Harvey, que tenía una buena idea, fue refutado por razones “científicas”. Por razones imaginativas y amor por las conspiraciones, muchos prefieren aventurar (ahora que alguien descubrió el factorRH, porque de lo contrario no habría ninguna de estas teorías) historias mucho más extraordinarias.

Sustituto de la “ideología” en sus significados althusserianos, ahora la idea es interpelar a cada quien en busca de su opinión: las demostraciones o teorías de Harvey, Semmelweis, Planck, Galileo y se puede seguir… en su momento no interesaban. La “libertad de opinar” y el valor de verdad de cada opinión, siempre garantizado por la bondad natural que anima toda empresa seudocientífica, son lo que cuenta.

Aunque no parezca tener mucho que ver, una semilla seudocientífica se aloja en la cotidiana apreciación subjetiva a la que  “meteorólogos”, que podrían medir en lugar de evaluar, someten al clima: agradable, desagradable, lindo, feo. Lluvia es feo. Calor es feo en verano, lindo en invierno. Frío es lindo en verano, feo en invierno. Nunca conectan como parte de una noticia las informaciones sobre sequías, incendios o inundaciones. Lo mensurable se disuelve. Lo inconmensurable, entonces, deja de ser inefable y está lleno de palabras: todo tiene que ver con todo pero la unión y las partes son el monopolio legítimo de los procesos mentales y emocionales del que habla. Y el que escucha, obligado a dejar de pensar porque todo eso es impensable, no recuerda más cuál era el surco del pensamiento.

ES VITAL TENER EN CUENTA EL FACTOR RHESUS EN CASO DE EMBARAZO SI LA MADRE ES RH NEGATIVO. LOS ANGELES PUEDEN ESPERAR UN RATO.

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