Fraude y propagación del error con fondos públicos: el CONICET ¿no debería cumplir con su deber?

El “Centro de Redes Intelectuales Latinoamericanas”, en su sitio web Etopías, proclama con orgullo que se trata de un proyecto “financiado por  CONICET”  Lamentablemente, sus responsables no pueden ampararse en la ignorancia de lo todavía no conocido. Muy por el contrario, insisten en utilizar, con deliberación y mala fe, la patente de corso con la que se amparan gracias a los contralores deficientes. Tampoco pueden alegar ignorancia, puesto que copian (mal) trabajos preexistentes y los atribuyen a una extensa red que poco tiene de intelectual, salvo que el término señale algo totalmente opuesto a la definición del diccionario.

Dado que vengo trabajando desde 1988 en los temas en los que dicho centro y varios de sus integrantes se adjudican la autoría de los resultados publicados, conocidos y citados por la comunidad académica internacional y con gran pena constato que ni siquiera saben leer lo que presumen haber “descubierto”, me veo en la obligación de advertir que ni son autores ni especialistas en dichos temas, ni saben copiar correctamente lo que correctamente ha sido expuesto, lo que conduce a creer que es cierto lo que cuenta con el aval de un organismo científico. Sin embargo, no aportan nada a lo mucho que falta conocer y destruyen lo conocido. Las citas a mi trabajo son totalmente sacadas de contexto mientras que casi todo el resto, sin su lógica ni sus razonamientos, están calcados casi palabra por palabra.

Remito al enlace y advierto a quienes de buena fe entienden que Conicet cumple con sus deberes como manda a que otros los cumplan que el trabajo en donde se utilizan mis aportes de manera arbitraria, antojadiza y banal, está plagado de toda clase de errores cuya propagación debería evitarse como la automedicación, el incumplimiento de las normas de tránsito y la idea de que existe un día en particular, que el Doctor Maíz anunciará auspiciado quién sabe por qué institución, en el que todos los delitos podrán cometerse impunemente.

http://etopias.com.ar/index.php?option=com_contact&view=contact&id=1&Itemid=182

Laura E. Jara perpetra allí un artículo titulado “La construcción de la cultura de izquierda en Latinoamérica 1959 – 1971”

Afirma que: “La creación de casa de las Américas, en 1959, constituye el momento a partir del cual Cuba construye la institución faro para el desenvolvimiento de la cultura en América Latina. La cultura es tomada como producción de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales a comprender, reproducir o transformar el sistema social. La revista institucional promovió  y difundió el nuevo ideario de la clase política dirigente así como diferentes expresiones artísticas: la literatura, el teatro, la música, la pintura, constituyeron como prácticas culturales, los puntos centrales del medio. Con la dirección de Haydeé Santamaría hasta 1965, la Casa de las Américas reunió y comprometió a las figuras de la cultura latinoamericana, cristalizando así la relación entre política y cultura. El móvil fundacional de la casa fue situar en y desde Cuba la unidad latinoamericana, abocándose a la tarea de promover y conseguir la ansiada unión de los pueblos oprimidos, con el objetivo de encender la llama revolucionaria en el continente. Al menos así lo expresa su número inicial:    Esta revista cree, tal vez ingenuamente, en la existencia de una concepción de vida hispanoamericana. Esta revista es una esperanza, incierta y riesgosa de la posibilidad  de cambiar la realidad. [2] La revista cumplió la función de vocero de la revolución, al mismo tiempo que legitimó la conformación de un campo intelectual relativamente autónomo dotado de una estructura y lógica específicas, por un lado, y la constitución  de un público atento a  las nuevas producciones de los escritores consagrados, así como también de los nuevos, por otro. En este sentido,  escritores y lectores conocieron, las expresiones artísticas a las que antes  no tenían acceso, además de los lúcidos  ensayos políticos del momento. No solo la revista institucional fue parte de una política cultural cubana, encuentros de escritores y congresos también fueron los elementos para el surgimiento  del campo intelectual. La  pertenencia de intelectuales  a este campo está dada en principio por un  mismo ideal asociativo: la revolución socialista, no obstante con el transcurrir de la década, las líneas de  fuerza dentro del campo cambian y se oponen en relación con la coyuntura. En 1961 se realizó en La Habana el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC) donde se reconoció la necesidad de intercambio, contacto y cooperación  entre los intelectuales y artistas cubanos con los de Latinoamérica y demás países del mundo, Nicolás Guillén  y Alejo Carpentier fueron los representantes más destacados del encuentro.

La autora, ansiosa de sumar encuentro tras encuentro como si todo fuera lo mismo y la misma agua llenara su molino, las razones por las que se convoca a ese encuentro, el hecho de que Cuba ha sido invadida en Playa Girón, expulsada de la OEA y que la revolución, que había alentado las expectativas de muchos militantes de izquierda “no comunistas” (y le recuerdo que “comunismo” no es el peligro rojo sino el claro conocimiento que la autora no tiene pero los contemporáneos de 1959 sí, de las historias del estalinismo y las clarísimas desilusiones que pese al llamado deshielo no sirvieron para sacar de la heladera a Kafka,  Joyce y a otros artistas “decadentes” o “degenerados”). No era lo mismo invocar a Martí que a Stalin ni a Jruschev. De modo que ese congreso que la autora pasa al libro del Haber, tan contenta, fue para muchos una decepción bastante grande.

Parece la autora ignorar también (pese a la bibliografía que podía y debía haber leído, ya que la cita), lo que los mismos colaboradores de Casa de las Américas dicen respecto de las políticas y los premios de la misma institución. Del mismo modo, podría comprender que los esfuerzos de los “intelectuales” y “artistas” por evitar verse obligados a practicar el “realismo socialista” y otros requisitos del arte dirigido, estaban siendo cuestionados. ¿Cree por ventura la autora que el proceso al sectarismo, el juicio a Escalante, los conflictos entre el movimiento 26 de julio y el PSP no significaron nada para la vida cubana? ¿Ignora que Angel Rama fue uno de los principales hacedores de la primera época de la Revista Casa de las Américas, como reconoce el propio Fernández Retamar, que se haría cargo en 1965? ¿Que el número donde le parece ver a los principales novelistas como colaboradores es obra precisamente de Rama?

Ásí nomás, tan tranquila en la idea de que le toca ahora proceder a sumar encuentro tras encuentro, no le interesa saber a qué obedeció tal encuentro. De la lectura que habrá hecho, imagino, de las revistas cubanas, de las que Casa de las Américas es simplemente una más y que, como no sabía antes y supe después y lo escribí, fue más una creación de Angel Rama que el centro gravitatorio que la especialista infiere. ¿Le suena en algo el nombre del suplemento Lunes de Revolución? ¿Ha leído acaso las notas del propio Angel Rama sobre la revolución cubana en esos años? ¿Acaso conoce la posición de  Carlos Quijano, director del semanario uruguayo  Marcha, en relación con su decepción sobre el giro tercermundista, no alineado, que tanto anhelaba y que conectaba la revolución de Castro no con Marx ni con Stalin sino con José Martí?

Es evidente que no ha leído un sólo número de las publicaciones que cita. Y dado que una de las autoridades a las que recurre es Germán Alburquerque Fuschini, quien la ha antecedido en la práctica de la investigación “ficcional”, afirmando y conjeturando premisas e hipótesis inverosímiles y contrarias a la verdad establecida, es natural que se equivoque. Que carezca de curiosidad y más hoy por hoy, cuando a diferencia de hace veinte años, las publicaciones están relativamente disponibles, que la avale un investigador que se supone competente y una institución aun más responsable es asombroso.

Por muy modernos que seamos, la “historia fáctica” no sólo es un baúl pesado de fechas y datos: pero ¿no saber en qué año murió el Che Guevara no es demasiado?

En el resto de su trabajo, resuenan palabras que escribí hace tiempo, atadas con otros nudos y tras asegurar que había fundamentos y proporcionarlos. No tiene desperdicio la tesis doctoral aprobada en la universidad de Alberta, si mal no recuerdo: pero no la pagamos nosotros de nuestros bolsillos. La pagamos de otros modos.

Escriban resúmenes Lerú: véndanlos a los estudiantes de secundaria. No le pidan a un organismo dedicado a las ciencias que les de dinero. !!!Salgan a robar a los caminos!!!

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