Casa de las Américas:

Casa de las Américas entre 1960 y 1971. Un esplendor en dos tiempos”

Revista bimestral aparecida en julio de 1960, Casa de las Américas, (1960- ) es el órgano de la institución cultural del mismo nombre, creada en 1959 y dirigida por Haydée Santamaría, esposa del Ministro de Educación, Armando Hart, heroína del Moncada y fidelista ferviente hasta su muerte. Actualmente y desde 1986, la dirige Roberto Fernández Retamar,  quien salvo un brevísimo período fue, desde 1965, también director de la revista.

La saludable existencia de que gozan institución, revista y premio (ver más adelante) impide una valoración o descripción definitiva. No sólo por la ley que impone la inconclusión de lo todavía vivo sino, muy especialmente, por la enorme cantidad de correspondencia aun inédita conservada en los archivos de la institución. Como los vínculos de muchos intelectuales entre sí y con la Casa de las Américas se tramitaron de manera epistolar y privada, será muy interesante el día que se conozca, como lo demuestran los casos en que la revista dio a conocer algunos fragmentos.

La institución Casa de las Américas surgió como una necesidad cultural de intercambio con los gobiernos de América Latina. Debido a que casi todos los gobiernos del continente habían roto relaciones diplomáticas con Cuba, la institución tuvo que crear los mecanismos para seguir existiendo pese al aislamiento. Debe reconocerse la velocidad de reflejos y la identificación de los intelectuales y artistas como interlocutores ideales (mucho mejores que los gobiernos) como promotores sinceros de lo que fue la Revolución Cubana en su momento.

Tanto la revista como el premio fueron extraordinarias armas contra el bloqueo: no sólo lo neutralizaron desde el punto de vista cultural; lo convirtieron en un argumento de legitimación para reclutar letrados con aspiraciones revolucionarias. Fue el más sonoro llamado de reunión para los intelectuales en un período en que éstos se consideraron actores principales de la política.

En ese contexto la institución convocó, en octubre de 1959, su primer concurso literario anual. Y la revista y el premio fueron realimentándose mutuamente. La casa como “sede” se fabricaba en el día a día del encuentro intelectual en La Habana, en la circulación de discursos diversos y en el entusiasmo que contagiaba a los presentes, que a su vez ampliaban ese entusiasmo por medio de artículos y arengas. Y desde la sede, por medio de la palabra de sus miembros dispersos, se configuraron las Américas que dan sentido al título.

La Casa de las Américas fue un centro gravitatorio crucial para la generación y consolidación de la red letrada latinoamericana de los años sesenta y setenta. El viaje a La Habana para participar como jurado del concurso trenzó fuertes relaciones entre los intelectuales invitados a la isla; soldó alianzas, discursos, programas y configuró un “nosotros” que transformó gradualmente la revista al tiempo que contribuyó a transformar, en un proceso dialéctico, la misma red que se constituía a partir de la sociabilidad y los encuentros en Cuba. Conforme se extendía el número de visitantes, invitados de invitados, Casa de las Américas fue convirtiéndose en una revista político-cultural modelo, por su mensaje revolucionario innovador, la modernidad de su diseño, el prestigio de sus colaboradores.

La mayoría de los autores que escribieron en un comienzo en Casa de las Américas procedían de las revistas Ciclón y Lunes de Revolución, suplemento semanal del diario Revolución, fundado por Carlos Franqui en 1959 y que dejaría de salir, no sin discusiones, en noviembre de 1961.  Las firmas más habituales de esa época eran  entre otras,  las de Antón Arrufat, José Triana, Calvert Casey, Pablo Armando Fernández, Virgilio Piñera, Edmundo Desnoes, Ambrosio Fornet, Rogelio Llopis.

En los comienzos, la revista no tenía, no lograba o no quería expresar un programa claro. Esa reticencia era lógica, teniendo en cuenta los vaivenes políticos del proceso revolucionario, en esa etapa inicial, de tanteo, de optimismo, en una coyuntura delicada, difícil y convulsa: la invasión a Bahía de Cochinos, la asunción del marxismo-leninismo como doctrina de gobierno, la crisis de los misiles, la crítica al sectarismo, los debates entre intelectuales y políticos, el primer congreso de escritores y artistas, entre otras vicisitudes. En la memoria reciente de Casa de las Américas, pesaba también el temor por el pésimo final de la relación entre artistas y gobiernos en los países socialistas. El optimismo era directamente proporcional a la incertidumbre de cómo se lograrían otros resultados: “Los cambios que la Revolución ha llevado a cabo en nuestra vida social y personal encontrarán en una forma u otra expresión a través de todo artista genuino: esperamos que nuestros creadores tengan la profundidad y la vitalidad de nuestra revolución. No sé cómo se expresará la Revolución: pero se expresará”. El tono era unánime aunque esta vez firmaba Edmundo Desnoes (136).

Por su mayor visibilidad, muchos estudiosos tienden a considerar a Casa de las Américas como representante de un discurso cultural cubano que sería “homogéneo”. Lejos de eso, Casa de las Américas es uno de los muchos actores y no la representación de su conjunto, por otra parte, nada armónico. Como explica Luisa Campuzano (2001: 39) la multiplicación de revistas y magazines literarios que se produce en Cuba durante los primeros años de la Revolución y el clima polémico, en gran medida heredado de polarizaciones y tomas de posición previas a 1959, en que se somete a revisión la cultura nacional prerrevolucionaria, la relación del escritor y el artista con la sociedad, las distintas corrientes del pensamiento marxista, arrastran a Casa de las Américas, en sus primeros números, a participar en el debate.

Casa de las Américas se esforzó por no ser oficial mientras pudo. Lo que la hizo tan atractiva no fue que canalizara el discurso revolucionario estatal (la revista oficial de expresión cultural de la dirigencia en la voz de los intelectuales fue La Gaceta de Cuba) sino que no lo hiciera en términos estatales o que durante buena parte de su existencia lo que la caracterizó fueron resistencias para hacerlo. Para decirlo de manera algo brutal: lo que parecía ser, más allá de las necesidades del gobierno, la razón de ser de Casa de las Américas era opuesta a la de muchos que, desde el gobierno o fuera de él, preferían que el estado se ocupara totalmente del arte.

Como un actor específico, se opuso a otros actores e instituciones del universo cultural estrictamente cubano que no lograron, a diferencia de Casa de las Américas, la adhesión generalizada de los intelectuales que despertarían el entusiasmo de la crítica y el público en el continente. Su posición puede resumirse en la defensa del arte moderno, la cualidad epistemológica de la crítica, la no necesariedad de vincular la posición revolucionaria con una determinada temática o técnica compositiva, el valor de un arte innovador y especialmente, su temor a que en Cuba se repitiera la historia del arte soviético.

La sede de la Casa fue escenario de la primera gran discusión sobre arte y revolución entre grupos antagónicos. Allí debatieron inicialmente los representantes de Lunes de Revolución y los del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). El ICAIC, que controlaba la exhibición de películas, incluso en las salas no pertenecientes al Estado, negó el permiso de exhibición al cortometraje P. M., (un ejercicio de free cinema que mostraba la noche habanera mientras Cuba se defendía de la invasión norteamericana) y las protestas por esa negativa condujeron a una reunión en la Casa de las Américas en la cual se enfrentaron ambos bandos. Tan difícil de dirimir se hizo la cuestión que terminó por recabar el juicio de las más altas autoridades políticas y la cita fue trasladada a la Biblioteca Nacional.

La revista no batalló de manera intolerante. Muchas veces encontró suficiente espacio como para transcribir opiniones con las que el lector deduce que no está de acuerdo, como el texto completo del discurso pronunciado por Nicolás Guillén en el Primer Congreso de Escritores, de clara impronta comunista, donde se sugiere que para escribir hay que ver y vivir “en una granja del pueblo, una cooperativa de consumo” o “tocar con nuestras manos la piel sudorosa de los trabajadores de las minas”.

La extrema amplitud temática de las primeras entregas también testimonia de su vocación mediadora: Thoreau, Cervantes, Shakespeare, Benjamin Péret, Esteban Echeverría, Ionesco, Macedonio Fernández, Shakespeare, Edward Albee, Scott Fitzgerald son autores que poco tienen que ver con su objetivo manifiesto en la contratapa del número 4 de “servir a todos los pueblos del continente en su lucha por la libertad”.

De buena voluntad parece ser su ambición de recuperar para lo americano autores, temas, obras y problemas de la América del Norte (la poesía beatnik, los novelistas, los negros, los escritores negros) y tal vez estratégica su decisión de que no era obligatorio responder a lo “actual”, excepto cuando los acontecimientos lo exigían (el número 6 estuvo dedicado completamente a la invasión norteamericana en Playa Girón, el número 8 al Congreso de Escritores y Artistas, por ejemplo). Estratégicos también pudieron ser sus silencios: en la nota panorámica sobre el cine realizada en 1961, no se menciona ni siquiera la existencia de P.M., la “peliculita culpable”, como llamó Cabrera Infante (1992a: 62) al corto que codirigió su hermano.

En ese contexto no debió ser fácil hacer prosperar una publicación cuyo propósito era representar, en el interior del mundo letrado nacional, una tendencia a favor de la autonomía del arte y los artistas y, hacia afuera, un discurso que mostrara lo que la mayoría de los intelectuales deseaba encontrar en una revista cubana.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s