¿Identidad? ¿Latinoamericana? Una sopa en mi mosca, mozo.

¿Ser, existir o mostrar un documento?

Se impone aclarar un equívoco generalizado para prevenir contra la profusa producción que asedia sin mucho rigor el tópico de la identidad dando por buena la asociación libre sin obligación de justificar corpus que, en princpio, no avalan las deducciones ni las conclusiones del género en cuestión. Por momentos parecería sugerirse que una conciencia pone en duda una identidad que no parece fenomenológicamente en riesgo. Como no se espera tampoco una última palabra ni que se presente la menor evidencia sobre lo que se dice o una justificación del corpus y las citas a las que se recurre para hilvanar afirmaciones que no comprometen conceptos ni identidades y que han decidido prescindir de todo argumento histórico para concentrarse en aplaudir a los que parecen ser más “identitarios”.

Postular una relación acrítica entre lo que se piensa, lo que dice, lo que se hace y la apertura a la estrategia que a veces negamos de plano a todos los actores capacidad de planificar y actuar, como si a diferencia del resto de los humanos, que no están obligados a declarar en su contra, el pasado sólo vendiera marionetas inertes. Y, además, esa figura del malísimo que goza en soledad y celebra su maldad. Inverosímil.

Contra seguras desinteligencias provocadas por ese error de método conviene recordar, del policial, la idea de un móvil. Es escaso en número el batallón de los que combinan acciones muy fuertes con una indiferencia entre estética y quejosa, como la del existencialismo. Todo es absurdo porque hay pereza para dar sentidos o porque lo es. Una mirada a lo real, a todo lo que se pueda asir de la calva aparición de eso, sirve para no creer que son historia las historias que se cuenta uno con briznas irrelevantes de fundamento. Dame una palanca y me expliques lo que no comprendes, antes de haberlo comprendido o sin intentar siquiera comprender. Eso no es relativismo ni ideología sino el estilo y la sustancia genérica que se exige al discurso “referado” por los pares. Dios es el primer evaluador registrado: vio que era bueno. O sea, no se descarta que pudiera haber dudado. Los errores, como siempre, se ocultan a la posteridad si se posee absoluta y divina impunidad, como es el caso pero han quedado abiertos otros mundos posibles. Como en las creaciones genuinas, nadie puede venir a hacer todo de nuevo y en tan gran medida: los cielos, la tierra y lo demás. Si cesuras radicales de la índole se presentan, pues ya pasan a ser religiones otras. Que en lo general, pese a las guerras por el monopolio de la infalible interpretación, han buscado estipular su continuidad y sucesividad. Los libros entre sí postulan preeminencia y por lo tanto una idea de progreso. Quizás es menos enfática la negación de lo nuevo de lo que parece. Que haya o no algo nuevo bajo el sol puede ser un reconocimiento empírico de la energía con la que el sol persiste en su ser, comparada con lo que sucede debajo. Arriba está el gran Medidor, el Patrón, el término y la tasa. Medida de totalidad: lo que va de Oriente a Occidente.

De la gran inflación retórica se puede salir. Requisito muy saludable es dejar de suponer que decir lo bueno es ser bueno. El poder mágico de la palabra no justifica especulaciones que juzgan los instrumentos lógicos. El árbol y el rizoma son, en el infinito, fractales. Hay derecho a suponer que el margen de error de la hormiga no difiere de otros. Las determinaciones sobre lo que se puede pensar no obligan a las de lo que se puede mirar.

Es hora de un combate por la historia

Dicho sea de paso: ¿Alguien que trabaja sobre el tópico de la identidad nacional, americana, hispanoamericana, indoamericana, iberoamericana o sus variantes y versiones ha pensado en la Gran Emigración, en qué identidad tienen los sesenta millones de cuerpos que se embarcaron hacia América huyendo de la pobreza europea? ¿Qué hacer con la identidad de todos los hijos de los emigrantes? Un punto a favor para los escribanos: se conforman con hijo de tal y cual, de estado civil tal y cual, vecino de la localidad tal y cual, nacido en fecha tal y cual y con tan poco acreditamos identidad. Y el mundo anda y si anda mal no es por falta de identidades…

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