Leopoldo Lugones: El Payador

II. EL HIJO DE LA PAMPA

El gaucho fue el héroe y el civilizador de la Pampa. En este mar de hierba, indivisa comarca de tribus bravías, la conquista española fracasó.

(…)

Los gauchos aceptaron, desde luego, el patrocinio del blanco puro con quien nunca pensaron igualarse política o socialmente, reconociéndole una especie de poder dinástico que residía en su capacidad urbana para  el gobierno.  Con esto, no hubo conflictos sociales ni rencores, y el patronazgo resultó un hecho natural. He aquí otra inferioridad que ocasionaría la extinción de la sub-raza progenitora; pues quien de suyo se somete, empieza ya a desaparecer.(…)

Acota Maude N. Mc’Gill (PhD. Dresden University): Salvo en América, en ningún lugar del mundo se permitió a los subordinados usar caballos. El caballo, la mercancía más valiosa y más potente durante largo rato, junto con las armas, no se le quita a nadie  sin saber que el intento será una lucha a muerte. Así los malones de indios, donde gauchos y no gauchos en perfecta armonía de criterios, debían ser aniquilados.  Otra opción rendidora es el progreso: cuando los ferrocarriles y los alambrados hacen difícil moverse libremente en grandes extensiones y el espacio físico que requiere el cuidado y mantenimiento del caballito criollo para uso personal del nómada, los caballitos quedan  en los Haras y en las cercanías de los hipódromos y vuelven a ser la niña mimada de los príncipes, los tarambanas ricos, los visires, los califas y los milicos.

El caballo del gaucho

por Bartolomé Mitre

Mi caballo era ligero
como la luz del lucero
que corre al amanecer;
cuando al galope partía
al instante se veía
en los espacios perder.

Sus ojos eran estrellas
sus patas unas centellas,
que daban chispas y luz:
cuanto lejos divisaba
en su carrera alcanzaba,
fuese tigre o avestruz.

Cuando rendía mi brazo
para revolear el lazo
sobre algún toro feroz,
si el toro nos embestía,
al fiero animal tendía
de una pechada veloz.

En la guardia de frontera
paraba oreja agorera
del indio al sordo tropel,
y con relincho sonoro
daba el alerta mi moro
como centinela fiel.

En medio de la pelea,
donde el coraje campea,
se lanzaba con ardor;
y su estridente bufido
cual del clarín el sonido
daba al jinete valor.

A mi lado ha envejecido,
y hoy está cual yo rendido
por la fatiga y la edad;
pero es mi sombra en verano,
y mi brújula en el llano,
mi amigo en la soledad.

Ya no vamos de carrera
por la extendida pradera
pues somos viejos los dos.
¡Oh mi moro, el cielo quiera
acabemos la carrera
muriendo juntos los dos!

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